Bienvenido a esta Bitácora, Navegante. Aquí encontrarás mi «Cuaderno de Impresiones, Cuentos, Relatos, Poemas, Reflexiones y otras Historias».

Escribí mi primer cuento con once años, lo inventé en un pequeño aseo donde me gustaba jugar. Con quince decidí que quería aprender el Arte de «Domar Caballos Salvajes» (léase Emociones que necesitan volver a coger sus riendas). Por eso llevo veintiún años, con sus amaneceres y sus lunas, ejerciendo la Psicología; esa «ciencia» tan infusa como errática. Mis raíces están en tierras de Castilla, pero mi alma se siente de las Costas y el mar del Norte. En mis sueños me reúno con las Sirenas, las Estrellas de mar, los Ventolines y los Caballitos del Cantábrico... Hace un septenio regresé a mi pequeño Taller de Letras. Y ahora soy «Psicolotora» especializada en Literalogía o «Escritóloga» en Psicoratura. Me chifla inventar palabras, tender historias de Letras en las cuerdas del olvido y airear mis impresiones al barlovento del papel...

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CON LA MAGIA DE LAS LETRAS Y EL AMOR DE SUS ENCUENTROS...

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PENSAR... MAR ADENTRO.

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«La mente intuitiva es un don sagrado del que la mente racional es su fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra el sirviente y ha olvidado su don» © Albert Einstein. Imagen: Faro de Suances (Cantabria) © Mar Solana.

viernes, abril 5

La Psicología y la escritura: aprendizaje, camino… camino de aprendizaje. Por Mar Solana.

"Mi cuaderno de impresiones, cuentos, relatos, poemas, reflexiones y otras historias".

Caminos de Oreña (Cantabria) Imagen tomada por © Mar Solana.
La otra tarde, antes de largarse para el otro lado del mundo, el sol me guiñó un rayo mientras pellizcaba a la luna su blanco y redondo trasero. Sonreí, les saludé y me puse a enredar en mis recuerdos. Intenté capturar aquel momento en el que escribí mis fantasías por primera vez… Tenía once años y me gustaba jugar y hablar sola. En el aseo, ese rinconcito donde mi madre guardaba todos los aperos de la limpieza y que, todavía ignoro los motivos,  a mí me resultaba tan acogedor para mis juegos. Cogía la fregona y el cepillo de barrer y los daba la vuelta. Los palos hacían las veces de cuerpo; el cepillo era el rey y la fregona la reina, juntos gobernaban… ¡el país de la limpieza! La escalera de faena, su castillo y… ¡claro!, las casas de aquel reino eran tambores de detergente… Creo que así nació mi primer cuento: «Tom y Tomasa en el país de la Limpieza». Sentí la imperiosa necesidad de dejar constancia de aquel juego que me había inventado, auspiciada por la semi penumbra de un habitáculo de apenas cuatro metros cuadrados. Me sentía la niña más feliz del mundo porque siempre había muchas historias para rescatar; el caudal era inagotable… Y allí, entre cubos, trapos, rollos de papel y demás enseres domésticos,  comenzó mi relación con las palabras.
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Al principio escribía más que leía y solo algo más tarde, esa relación se igualó. Creo que mi madre fue la principal responsable de poner en marcha los engranajes de mi imaginación, nunca dejó de inventarse extraños, curiosos y caóticos cuentos para mi. Sirenas que vivían en el fondo de un río, entre dos enormes rocas que casi podía tocar; animales que cuidaban y leían cuentos a ancianos; flores que se hacían heridas jugando al corro de las patatas… y un sinfín de maravillas que me conducían a seguir tirando del hilo de las palabras.

Durante mi adolescencia, un devenir rebelde y turbulento, leí mucho más que escribí. Ya no inventaba historias. Todas mis palabras eran los caballitos de una noria, giraban en torno a mí y se depositaban, como testigos cómplices y silenciosos, en un generoso diario. 

A escribir se aprende leyendo... 

Al principio nos sumergimos en casi todo lo que cae en nuestras manos. ¡Hasta los trípticos de los «testigos de María» me leía yo!, desde la primera palabra, hasta la última: amén. Por aquella época de tantas lecturas, cuando cumplí los quince, mis amigas del colegio me regalaron un libro que me marcó para siempre: «La loca. Una joven en el infierno psiquiátrico» de Alvin Piatock. Quedé tan impactada que deseé ser psiquiatra para intentar aliviar el tormento humano y que nadie tuviera que pasar por un averno semejante. Pronto cambié de idea. Decidí estudiar otra carrera afín, Psicología, cuando me enteré de que los psiquiatras manoseaban cadáveres y veían mucha sangre durante los seis largos años de estudios de medicina.

Con el paso del tiempo y mientras maduramos la piel, escogemos aquella literatura que sintoniza con nuestras venas, esa que se ensambla en el corazón como mapas de palabras indelebles. Siempre he pensado que los libros nos escogen a nosotros y no al revés. Desde luego, ahora sé que «La loca» me eligió sin titubear, como hizo el genial y eterno Dostoievski. Recuerdo como llegó hasta mí «Crimen y castigo», en mi recién estrenada juventud. Con el poso algo más relajado, le pregunté a mi padre —gran lector— y me miró con sendas interrogaciones en sus ojos: «tú verás, nena, es un libro vasto y denso». Si mi padre pronunciaba esos dos adjetivos juntos, vasto y denso, había que devorar sus letras igual que las galletas de chocolate que mi madre escondía para las visitas. Y me perdí en esas tupidas brumas del mal que tan magistralmente nos comunicó Dostoievski. En ese vasto universo de letras que me enfrentaba por tercera vez, desde la ya legendaria plaza de ajusticiamientos del pueblo enfurecido de «Fuenteovejuna» o los lóbregos pasillos del psiquiátrico de «La loca», con el lado más sombrío y oscuro del ser humano. Quizás era lo que necesitaba aprender en aquellos momentos o, al menos, con lo que tomar un primer contacto para equilibrar las sombras y la luz. Algo ineludible que, sin duda, me ayudaría a desarrollar mi trabajo más adelante. 

Y fue en aquel tiempo cuando retomé de nuevo mis amadas letras. Sentí la necesidad de dejar constancia por escrito de todo lo que bullía en mi interior. ¡Qué lejos y pueriles quedaron mis primeros diarios! Durante unos cuantos años escribí y leí muchísimo, casi a partes iguales. Perfilé algunos poemas y tracé mis primeras reflexiones o ensayos. Cualquier cosa me servía para inspirarme. El mundo entero era una musa ciclópea e insaciable… Un atardecer marino me sugería unos versos apasionados. Un insecto moribundo una disertación sobre la vida, la muerte y lo insignificante. Los comicios eran una divagación sobre el poder y la ambición humanas. Y de las meditaciones sobre el dinero salió un excurso insufrible. Naturaleza, política, condición humana, mis primeros amores; todavía conservo esos folios amarillentos que recogieron mi vehemente inspiración y sirvieron de alacena a mis creaciones más primarias. 

Mis amadas palabras se tomaron otro descanso, dilatado e invisible, cuando aún no sabía hilvanar sus trazos para escribir una historia en condiciones, mínimamente soportable o legible. Entonces volví con mis Clásicos, seguí en la ardua tarea de empaparme del oficio de los mejores… Me casé y guardé mis palabras a buen recaudo, en un lugar secreto. De vez en cuando, las visitaba, las observaba, las deseaba con la complicidad y el silencio del amante que sabe esperar, pero ellas dormían…

Hasta que despertaron otra vez, hace seis años. Se unieron a mí bajo una condición inexorable: que las tratara como si fueran barro virgen por moldear y creara un taller especial para ellas, echara a escobazos a doña vanidad y me quedara con la ilusión como principal maestra. Así comencé a caminar por el bosque frondoso de la literatura. Conocí a algunos maestros, alfareros de letras, que me marcaron unas pautas y empecé a escribir mis primeras historias, farragosas, rocambolescas, cursis e insoportables. Sin embargo, tanto despropósito literario se compensaba con mi entusiasmo y tesón, esos compañeros que, anestesiados por los quehaceres de mi nueva vida, reposaron durante mucho tiempo en algún lugar de mi memoria de letras. Ahora volvían a darme la mano.

Mis primeras invenciones no sabían narrar, taxativo pero cierto. Eran un conjunto de palabras bien sonantes, un seductor maridaje entre adjetivos y sustantivos, más que sugerentes misterios encerrados en la pecera del alfabeto. Y pese a desconocer la melodía, seguí escribiendo mis propios pentagramas sin dejar de aprender ni un segundo. Me enfrenté a mis primeros fracasos y errores y, por supuesto, sufrí los primeros bloqueos de una estima arañada por ramas más longevas. Porque el alma de un escritor, como buena tierra fértil, también necesita de descansos o barbechos para después recoger mejores cosechas…

Incluso, en este devenir de letras, me animé a crear mi propio espacio literario, mi querido blog «Mar Adentro», que me ha ayudado a sacudirme la vergüenza y a desempolvar la soledad de mis textos. Escribir es un camino arduo y el oficio de escritor es tremendamente solitario e introspectivo. Sí, escribir es un oficio, me gusta sentirlo así en un mundo que ya profesionaliza hasta los paquetes de pipas. Es un trabajo como los de antaño, donde más que el currículo y los logros, lo importante es aprender a tallar, pulir y moldear desde el principio.  

A escribir se aprende escribiendo... todos los días, de forma profusa y cometiendo muchos errores. 

Nadie aprende de las cosechas de éxitos. Lo hacemos en solitario, sintiéndonos mediocres, rechazados y pasándolo mal. Uno se encuentra a diario sometido a las preguntas del «espejito mágico» de la estima, a las insufribles glotonerías de un ego (casi siempre) insatisfecho de lectores que nos inflen la vanidad como a globos de parques temáticos.

Un día, no hace mucho, descubrí la importancia de escribir solo por el placer de hacerlo y porque necesito comunicar ( a veces, “vomitar”) todo lo que bulle por mi alma. Y creo que este pequeña actitud ha influido de forma notoria en la calidad del mundo de mis palabras, una calidad sin principio ni final. El camino de las letras es un peregrinaje infinito, sin metas, y con muchas paradas. Sin embargo, somos ya unos cuantos en este mundo de palitos y redondeces que crece de forma interminable. 

En un momento donde las decepciones ya han abombado mi morral y la desilusión campa por sus fueros, para mí carece por completo de sentido eso de escribir como carrera de fondo o para arrearle el mejor bocado al pastel. No me apetece quedarme sin aliento; los dientes, con el paso de los años, son otro cantar. 

© Mar Solana.
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HACE CUARENTA Y CINCO AÑOS (¡WOW!)... YA ME GUSTABA LLEVAR LECTURA AL CAMPO ;DD

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Soy la niña que asoma por la esquinita de la ventana, la primera por la izquierda...

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JOSÉ SARAMAGO: 16 de noviembre de 1922 - 18 de junio de 2010... ¡HASTA SIEMPRE MAGO DE LAS LETRAS!

JOSÉ SARAMAGO: 16 de noviembre de 1922 - 18 de junio de 2010... ¡HASTA SIEMPRE MAGO DE LAS LETRAS!
La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva. Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran. Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte...

CUANDO NO ENCUENTRES CONSUELO... LA MÚSICA ES EL MEJOR LENITIVO PARA EL ALMA...

¿SUEÑAN LOS 'REPLICANTES' CON UN MUNDO SIN FECHA DE CADUCIDAD?

EL BESO QUE TE ADIVINA ... es la Luz que te conduce a sacar de tí lo mejor ...

EL BESO QUE TE ADIVINA ... es la Luz que te conduce a sacar de tí lo mejor ...
a crecer en la mirada de quien verdaderamente te ama. El verdadero amor te quiere libre y como ser expansivo. Nunca admite murallas para el alma que respira... Es descubrir tu segunda piel, la que te eleva a la capacidad de ser decididamente afectivo, humedeciendo con licor de alegría los desiertos emocionales ... CARLOS VILLARRUBIA.

VIVIMOS SIEMPRE JUNTOS...

Llenamos el caldero
de risas y salero,
con trajes de caricias

rellenamos el ropero.

Hicimos el aliño

de sueños y de niños,
pintamos en el cielo
la bandera del cariño.

Las cosas se complican,
si el afecto se limita
a los momentos de pasión...

Subimos la montaña

de riñas y batallas,
vencimos al orgullo
sopesando las palabras.

Pasamos por los puentes

de celos y de historias,
prohibimos a la mente
confundirse con memorias.

Nadamos por las olas
de la inercia y la rutina,
con la ayuda del amor.

Vivimos siempre juntos, y moriremos juntos,
allá donde vayamos seguirán nuestros asuntos.
No te sueltes la mano que el viaje es infinito,
y yo cuido que el viento no despeine tu flequillo,
y llegará el momento
que las almas
se confundan en un mismo corazón...
(Letra y música: Nacho Cano)

MI AMADO SALITRE...

A LAURA SUJAMI: 'IN MEMORIAM'.

A LAURA SUJAMI: 'IN MEMORIAM'.
QUERIDA LAURA: TU PASO POR ESTA GRAN ESCUELA, LA TIERRA, HA SIDO UNA BENDICIÓN ... ¡DESCANSA EN PAZ! Pincha en la vela y navegarás al blog de salud que administró Laura con mucho cariño...