Bienvenido a esta Bitácora, Navegante. Aquí encontrarás mi «Cuaderno de Impresiones, Cuentos, Relatos, Poemas, Reflexiones y otras Historias».

Escribí mi primer cuento con once años, lo inventé en un pequeño aseo donde me gustaba jugar. Con quince decidí que quería aprender el Arte de «Domar Caballos Salvajes» (léase Emociones que necesitan volver a coger sus riendas). Por eso llevo veintiún años, con sus amaneceres y sus lunas, ejerciendo la Psicología; esa «ciencia» tan infusa como errática. Mis raíces están en tierras de Castilla, pero mi alma se siente de las Costas y el mar del Norte. En mis sueños me reúno con las Sirenas, las Estrellas de mar, los Ventolines y los Caballitos del Cantábrico... Hace un septenio regresé a mi pequeño Taller de Letras. Y ahora soy «Psicolotora» especializada en Literalogía o «Escritóloga» en Psicoratura. Me chifla inventar palabras, tender historias de Letras en las cuerdas del olvido y airear mis impresiones al barlovento del papel...

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«La mente intuitiva es un don sagrado del que la mente racional es su fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra el sirviente y ha olvidado su don» © Albert Einstein. Imagen: Faro de Suances (Cantabria) © Mar Solana.

domingo, septiembre 20

EL Mago. Por Mar Solana.

Samuel, el mago. Ilustración: © Gema Garcia Ingelmo


Para todos aquellos que alguna vez lograron apearse de este loco mundo sin abandonarlo y para los que no aún no creen en la magia… 

Samuel se sentía muy decaído. De su sombrero «mágico» de doble fondo extraía una hilera de pañuelos anudados de todos los colores. Un niño aplaudía, entusiasmado, desde su cochecito mientras su madre dedicaba a Samuel un mohín indolente que provocaba en el mago callejero aún más desgana. Las palomas, con sus abultadas pecheras blancas, caminaban a saltitos en su afán de picotear las migajas esparcidas por el suelo; cuando levantaban de nuevo el pico, unos ojos redondos y negros como bolitas de pimienta escrutaban, nerviosos, al parvo grupo de espectadores. Algunas personas que pasaban por allí se acercaban, curiosas, hasta el lugar donde Samuel prodigaba su repertorio de trucos, pero rápidamente abandonaban el pequeño círculo que se había congregado en la «Plaza de la Bohemia», aquella nublada mañana de primeros de noviembre. Un cielo estático y plomizo amenazaba con vaciar los hinchados vientres de las nubes otoñales. 

Cansado, el mago dedicó una silenciosa reverencia a su escaso público y ofreció un platillo en busca de algunas monedas. Pero la pequeña concurrencia se disgregó sin aplaudir siquiera; parecían programados para, de repente, hacer algo distinto. Tan sólo un anciano de andares resueltos se acercó a él y depositó en el fondo de su sombrero unos objetos de colores. Sus ojos, verdes con irisaciones de ría marina y festoneados por un montón de arruguitas, dedicaron un brillo cálido y generoso a los del mago, tristes y distantes. Descubrió que el viejo le había dejado una cápsula blanca muy pequeña y una especie de cristal ovalado verde esmeralda, mucho más grande y envuelto en celofán. Samuel, confuso y sorprendido, se dirigió a él que lo observaba con simpatía: «Pero… ¿qué diantres es esto, abuelo? Yo…»

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—Samuel, debes tomar una decisión si quieres «ver». Te dedicas a la magia y sin embargo… —hizo una pausa para carraspear y tomar aliento, no era fácil lo que debía comunicarle—… eres mucho más escéptico que tu público, cada vez más reducido, por cierto… 


 —Pero… ¿quién es usted y cómo sabe mi nombre y… lo demás? ¿De qué decisión me habla, qué significa…? —le preguntó al extraño anciano con una mezcla de asombro y enfado. No le gustaban las cosas que no podía controlar . 


—Quién soy yo y cómo sé tú nombre ahora importa poco para lo que nos ocupa. La decisión a la que me refiero está entre la pastillita blanca y el caramelo verde. Ese es el regalo que hoy te hago por tu jornada de trabajo, por habernos deleitado con todos tus trucos y tu magia, Samuel. Mereces saber… 


—Pero… ¡si no le he visto entre el público!, ¿de dónde sale usted? —le interrumpió. Cada vez se encontraba más impaciente y confundido… 


—… Mereces saber, avizorar con todos tus sentidos, cómo es el universo de verdad —continuó el viejo, inquebrantable, con su discurso—. Hace mucho, mucho tiempo, yo también tuve la misma oportunidad que te ofrezco ahora: "ver" el mundo a lomos de tu «caballo de Vida», un precioso corcel blanco, desde dentro del Carrusel o fuera de él. Tú decides, mago: si te tomas la pastilla blanca, percibirás lo que te rodea parecido a como lo ves ahora, desde dentro del Carrusel, encaramado a córcel y sin detener el giro; el blanco es el color de la pureza y de la paz. Observar todo así será suficiente para darte cuenta de algunas cosas que necesitan un cambio de perspectiva muy urgente en tu rutina. Si eliges el caramelo verde, que bajo ningún concepto debes tragar, ya que correrías el riesgo de quedarte atrapado en tal «visión», descubrirás también la Vida, con tu «caballo», pero fuera del Carrusel. El verde es el color de la esperanza y del equilibrio. Es probable que esta opción no te ofrezca tantos detalles sobre los aspectos que debes renovar en tu existencia, aunque podría ser un enfoque para completar tu visión del universo… Ahora debo irme, Samuel. Recuerda: la blanca se traga, no la dejes en tu boca más de lo necesario. El verde se chupa, ten cuidado de no morderlo o engullirlo. Y lo más importante, no debes temer equivocarte, tu decisión será la más adecuada para «ver» aquello que necesitas ahora. 


Cuando Samuel levantó la vista del fondo de su sombrero ocurrió algo increíble, ¡el anciano había desaparecido!, pensó que se estaba volviendo loco… Dirigió miradas inquietas en todas las direcciones y ni rastro de aquel extraño personaje. Caminó hasta un banco y se sentó. De repente, el mago estalló en estruendosas carcajadas que hicieron volver la cabeza a más de un viandante que paseaba por la plaza. «Esto tiene mucha gracia —se dijo a sí mismo— toda mi vida sin creer en la magia y sin un ápice de fe; actuando solo para sacar adelante a mi familia. Y ahora un abuelo de lo más raro me paga con caramelos y desaparece delante de mí… ¡Ja, ja! ¡Buen truco, seas quién seas, sí señor, este quiero aprenderlo yo!». 


Observó con detalle sus pequeños e inauditos objetos. Se dio cuenta de que apenas recordaba el discurso del viejo sobre ellos. Sin embargo, sí había memorizado que no debía temer un error; cualquier opción que eligiera sería la correcta para él en aquellos momentos. Samuel pensó en la cantidad de veces que se había paralizado por miedo a equivocarse. ¡Por fin podía apoyar su elección en algo que no fuera el recelo! Hiciera lo que hiciese, sería lo correcto. Se sintió liberado, por primera vez en su vida le invadió una inmensa sensación de paz y alegría ¡y sin haber pensado todavía lo que iba a hacer con esas pastillas! Rió de nuevo, era fantástico. Optó por tomarse el caramelo, el verde era su color preferido desde niño, le transmitía mucha calma. Quitó de forma lenta el celofán, poniendo sus cinco sentidos al abrirlo. A Samuel le pareció que resplandecía como jamás había visto brillar nada, sintió la extrema tersura de su envoltorio en cada uno de sus dedos y escuchó con una nitidez pasmosa el «cris cras» del papel al desplegarse; le pareció que el ambiente se llenaba de miles de partículas, frescas y fragantes, de lima recién cortada. Se lo llevó a la boca y una exquisita explosión a menta y hierbabuena lo invadió. Un sabor tan delicioso que le entraron unas enormes ganas de morder el caramelo, incluso de comérselo sin masticar siquiera. Sin embargo, recordó que solo debía chuparlo y deshacerlo poco a poco. Se acomodó en el banco y paladeó aquella especial y apetitosa golosina con delectación infantil, recreándose en cada vuelta que daba alrededor de su lengua. 


De repente, Samuel miró a su alrededor y, estupefacto, comprobó que todo se había detenido. Las personas que por allí pasaban, el puesto de gofres y palomitas, incluso las gotas de lluvia, que hacía un rato comenzaron a caer con mesura, pendían del aire, estáticas, reflejando en sus minúsculas esferas una fabulosa luz desconocida para el mago. Las hojas que antes había levantado el viento, parecían colgadas desde el cielo por un hilo invisible y formaban espléndidos remolinos de flores y espirales. Samuel quiso levantarse imbuido por tanta belleza y se quedó paralizado en el sitio… ¡El banco en donde minutos antes se sentó, se había convertido en un precioso alazán que le llevaba al paso por aquella plaza suspendida en el tiempo! El mago se sentía tan emocionado que comenzó a llorar y entendió, como si estuviera grabado en cada una de sus lágrimas, la fuerza y el significado de vivir con plenitud el momento presente, ¡lo que se había perdido siendo tan vulnerable! Cuántas oportunidades había dejado en el camino por ese vértigo que cada mañana, al despertarse, lo invadía como si su vida fuera un carrusel y girase sin tregua, agotado de galopar sin control. «¡Claro!» —se dijo Samuel— y de pronto lo comprendió todo a la misma velocidad que un destello imperceptible. Eran formas muy superficiales de entender el mundo, trampas que con el paso de los años había tejido su mente cual ávida araña, engaños de un ego con mucho miedo a desaparecer para siempre. Supo, con claridad meridiana, que la verdadera realidad la vivía en ese instante… Con la inusitada energía de aquel soplo eterno, Samuel lloró con un arrojo desconocido. 


De pronto, las gotas de lluvia recuperaron su habitual gravedad y se restableció la normalidad en la plaza. Los gofres volvieron a humear esparciendo su dulzón aroma por todos los recovecos y las personas reanudaron sus habituales ritmos frenéticos. Samuel, sentado otra vez en el banco, se enjugaba su llanto. Observó el horizonte, un enorme arcoíris resplandecía en el oeste de la ciudad, nunca vio uno tan sublime y especial.



MAR SOLANA©

N. de la A.: la preciosa palabra ARCOÍRIS (pinchad encima) figura en el diccionario de la RAE desde el año 2010, en parte gracias a este cuento y a la magia de Ramón Alcaraz, editor, escritor, guionista y mi querido profesor de talleres de escritura de "El Desván de la memoria". 
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JOSÉ SARAMAGO: 16 de noviembre de 1922 - 18 de junio de 2010... ¡HASTA SIEMPRE MAGO DE LAS LETRAS!

JOSÉ SARAMAGO: 16 de noviembre de 1922 - 18 de junio de 2010... ¡HASTA SIEMPRE MAGO DE LAS LETRAS!
La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva. Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran. Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte...

CUANDO NO ENCUENTRES CONSUELO... LA MÚSICA ES EL MEJOR LENITIVO PARA EL ALMA...

¿SUEÑAN LOS 'REPLICANTES' CON UN MUNDO SIN FECHA DE CADUCIDAD?

EL BESO QUE TE ADIVINA ... es la Luz que te conduce a sacar de tí lo mejor ...

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a crecer en la mirada de quien verdaderamente te ama. El verdadero amor te quiere libre y como ser expansivo. Nunca admite murallas para el alma que respira... Es descubrir tu segunda piel, la que te eleva a la capacidad de ser decididamente afectivo, humedeciendo con licor de alegría los desiertos emocionales ... CARLOS VILLARRUBIA.

VIVIMOS SIEMPRE JUNTOS...

Llenamos el caldero
de risas y salero,
con trajes de caricias

rellenamos el ropero.

Hicimos el aliño

de sueños y de niños,
pintamos en el cielo
la bandera del cariño.

Las cosas se complican,
si el afecto se limita
a los momentos de pasión...

Subimos la montaña

de riñas y batallas,
vencimos al orgullo
sopesando las palabras.

Pasamos por los puentes

de celos y de historias,
prohibimos a la mente
confundirse con memorias.

Nadamos por las olas
de la inercia y la rutina,
con la ayuda del amor.

Vivimos siempre juntos, y moriremos juntos,
allá donde vayamos seguirán nuestros asuntos.
No te sueltes la mano que el viaje es infinito,
y yo cuido que el viento no despeine tu flequillo,
y llegará el momento
que las almas
se confundan en un mismo corazón...
(Letra y música: Nacho Cano)

MI AMADO SALITRE...

A LAURA SUJAMI: 'IN MEMORIAM'.

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QUERIDA LAURA: TU PASO POR ESTA GRAN ESCUELA, LA TIERRA, HA SIDO UNA BENDICIÓN ... ¡DESCANSA EN PAZ! Pincha en la vela y navegarás al blog de salud que administró Laura con mucho cariño...