El conductor del camión “Muebles flamantes, S.A” se enjugó el sudor y profirió un “mecagoenlaputadeoros” con la furia de alguien que lleva dos horas dando vueltas al mismo radio sin encontrar su destino. Aún no había almorzado, el socavón en el estómago junto con la musical y cansina vocecilla femenina del Gran Parlante Sabelotodo (léase GPS): “Coja la pri-me-ra rotonda y gire a la iz-quier-da…”, le incitaron a parar cerca de un camino. A ambos lados se extendían sendos vallados, lamían la arena que se salvó de ser sepultada por toneladas de brea. Detrás de las verjas, una enorme casa de campo con aparcamiento para una veintena de coches y una edificación de casitas típicas de la zona. El Gran Parlante continuaba con su monocorde sonsonete: “A-van-ce hasta el final de la ru-ta H y de-tén-ga-se a la iz-quier-da… A-vance hasta el final de la ru-ta H y…”. Abrió la guantera y cogió el albarán: “Urbanización ‘Tiempos Nuevos’… Sres. de Pastón… Teléfono…” Se apeó de la cabina y marcó las nueve cifras.
─ ¿Sí?, ¿señora? Mire, llevo toda la mañana intentando encontrar su dirección y no hago más que dar vueltas como el portero de un futbolín… ¿Me podría decir una calle cercana o alguna referencia para el GPS?─ con el gesto torcido se sujetó la barriga que bramaba por la intensa gazuza.
─ ¿Calle cercana? Pero oiga… ¿no le figura a usted la dirección completita de mi casa en la factura de compra? ¡Esa es la única dirección, no conozco otra! Bueno… creo que hay que pasar por un bar y…
─ ¿¡Un bar!? ¡Señora… si yo hubiera visto ese bar no hubiera dejado a títere con cabeza! ¡Un bar… un bar! ¿Y qué tecleo en mi GPS?, ¿calle del apetito voraz?─ Soltó una risotada que la mujer recibió al otro lado de la línea como un siniestro graznido, no sabía si hablaba con un transportista o con el psicópata de La matanza de Texas… Se inquietó.
─Oiga, perdone… A veces los aparatitos estos se equivocan, ¿tiene un mapa, de los de siempre, un callejero?
─ Señora, llevo más de dos horas con su pedido. Estoy hambriento y aún me quedan otras once entregas… ¿¡qué le ocurre a mi GPS!?─ le increpó.
─ ¿Ha introducido mi dirección completa? ¿“Urbanización Tiempos Nuevos, Calle G, chalet V”? A veces, un solo dato erróneo y…
─ ¡Oiga, señora! ¿Me está llamando imbécil? La dirección que yo tecleo en mi GPS me trae hasta donde acabo de parar por aburrimiento, pero de su lustrosa urbanización… ¡¡nada de nada!!
─ Haga usted el favor de no chillarme, caballero, o me veré obligada…
─ ¡¿A qué, señora…?! ¡Lo qué me faltaba!
─ ¿Pero no ha visto usted el cartelito de entrada a la urbanización? Es un cartel de madera, precioso, en letra rústica, muy grande y que pende de…─ se paró en seco aterrorizada, acababa de escuchar muy cerca de allí -qué extraño- un rugido parecido al de un oso. Bajó las escaleras de tres en tres y salió a la terraza. El conductor de “Muebles flamantes, S.A” tenía justo enfrente de sus narices la anhelada dirección, el Gran Parlante Sabelotodo había sido una guía estupenda, esta vez. La mujer le hacía señas desde la terraza: “¡Eh, oiga, es aquí!”.
El conductor no sabe si fueron los ojos de zarigüeya, los insistentes palmoteos, la sonrisa bobalicona y afectada de aquella mujer o el hambre… Aprovechó que el furgón estaba en cuesta y sin dejar de bufar –se había convertido en una especie de toro- abrió la cabina y quitó el freno de mano. Un montón de astillas y variopintos cachivaches contra un robusto pino; un despido, una indemnización y tratamiento psicológico… Entre la mutiltud de fragmentos, apareció un trocito de madera con un "Nuevos" grabado en letra rústica... Y es que como decía mi abuela: “Con la barriga vacía, ni los buenos días… o de una buena panza sale la danza”.



24 NAVEGANTES SALPICAN SUS TINTAS DORADAS (...):
Como comparto, querida Mar, lo que decía tu sabia abuela y aún más ahora que estoy sometido a un estrictísimo régimen alimenticio.
Me encantan siempre estos cuentos cortos de los que nos sacas conclusiones hasta leer su última letra. Mientras iba leyendo pensé que el camionero había metido en el GPS la dirección correcta, pero con ciudad distinta (Navalvillar de Ibor, en lugar de Navalvillar del peral) y que estaba situado en la calle indicada pero a la otra punta de España, menos mal que sólo se trató de los efectos alucinógenos que produce el hambre y, en eso, sí que le entiendo.
Un beso, querida amiga.
Terly
Hola Mar
Jajaaa, me ha encantado este relato, como llamas al GPS, etc. Me imaginaba al hombre tirándose de los pelos, a la mujer no dando crédito. Como siempre, es un placer leerte y disfrutar contigo.
Habrá que comenzar a estudiar los efectos secundarios que produce el hambre, por lo que se ve dan mucho de sí.
Besotes.
Ay, Dios mío... ¡¿crees que le pasará esto al repartido que me traiga mi mesa de escritorio, Mar?!Jajaja. Me ha encantado y divertido tu relato. Y no sabes cómo me alegra no comprar en “Muebles flamantes, S.A”.
Besitos.
Totalmente de acuerdo Mar. Con la barriguita vacía poco se consigue. Muy bueno tu relato. La verdad es que los GPS a veces te ponen loca y te hacen dar vueltas de más, pero siempre te llevan al destino.
Un besito amiga querida.
claro que no fue el gepeese. Fué el hambre, el malhumor que produce el hambre, fué en realidad el estrés laboral, la firma del convenio, la hipoteca, el contrato que se acaba, la ITV de la furgoneta, los radares, las prohibiciones, el maldito cientodiez de la autopista, el jefe que aprieta "mobbinando". La multa, los niños, la suegra, la parienta, él...
Es, sin duda, la vida o qué sé yo...
Hola MAr
es un gusto saber de ti y esperar que estes muy bien!
Creo que estas situaciones se repiten muy a menudo,
sobretodo si no se sabe bien la dirección , en una ciudad nueva ni te cuento...lo peor si , es andar de noche perdida en calles que son todas iguales sin dar con lo que se busca
...pero al menos esta historia terminó bien...
un abrazo grande!
jajajajajajajaja ¡eres tremenda!(mente buena) jajajajajajaja
Yo soy tan payasa que -antes de tener a la 'tonta del tomtom'- me cogía la guía repsol e imitaba su voz metáliza y sin matices. Lo pasábamos genial (de vez en cuando lo hago superponiendo mi voz a la susodicha 'tonta') jajajaja es divertido ¿verdad? (porque no sé por qué me da que tú has hecho lo mismo más de una vez jajajajaja)
dos besotes, guapísima :)
Amiga Mar, de nuevo te visito, es un placer hacerlo, tus relatos son pequeñas maravillas.
Desde luego comprendo al camionero, tiene razón y hambre, ayyy que es muy traidora, y está hasta los bajos de la vocecita del GPS, torpe parato. Y luego la cotorro desconfiada !el colmo!
Que le sea leve la recuperación, hay oficios de mártires.
Besitoo, hasta siempre.
Jajajaj excelente.
Yo odio esas maquinitas, y en la mayoría de los casos, nos suelen extraviar cuando andamos con la barriga vacía.. ya les vale.
Besos, Mar.
Un relato elegante y entretenido querida amiga y es que en verdad, los repartidores de muebles y otros servicios, ya les toca sufrir no solo en la carretera, también cuando tienen que arrimarse a una esquina de la calle y estacionar para luego tener que trabajar a la carrera, ya que no son pocas las multas que les dejan en su corta ausencia con traición y alevosía, sabiendo de hecho, que no tienen otra forma más cordial y jovial de realizar su trabajo. Además, si están todavía en ayunas, peor todavía. No me extraña que luego haya tantas reclamaciones por rayaduras y esconchones de muebles, ya que muchas veces tienen que subir la mercancía a golpe de brazo y pierna por tantas escaleras sin ascensor.
Y los GPS, que duda cabe que son efectivos si de alguna forma estás perdido, aunque yo pienso que es el volante y tus ojos los que te llevan tarde o temprano al destino.
Un relato entretenido y muy bien elaborado, didácticamente hablando. Ya para terminar te diré que si algún día tienes que encargar muebles, siempre ten preparado un tentempié para los repartidores.
De seguro te lo agradecerán más que el GPS.
UN BESO GRANDE AMIGA.
Eso es lo que me decían cuando se averiaba mi moto y estaba desesperado porque el mecánico me la arreglara de inmediato para salir con las misas a trabajar; el mecanico me decía, ahora relájate, ni te apures sino todo te va a salir peor. Un abrazo Mar
Hola, Mar.
Qué bien comenzar la semana riendo a mandíbula batiente.
Lo he pasado genial. Pintas muy bien a tus personajes. Imagino que el rugido de oso que escuchó la buena mujer debieron ser las tripas del transportista… Y es que con el hambre no se juega. Conozco a más de uno que no hay quién los hable. Si lo sabré yo… Pierden hasta el humor y parecen perros enjaulados (literalmente), deambulando por la casa como almas en pena esperando que suene aquello de: ¡A comer! No en vano se dice que los reyes no tomaban decisiones importantes hasta después de haber comido opíparamente. También aconsejan no hacer la compra con el estómago vacío. Por algo será.
Buen micro, majísima. ¡Si o fuera por estos ratos…!
Un beso muy fuerte. Caricias a tus grumetillos especiales.
Hola, con tu permiso me hice seguidor de ti, y de tu blog.
Muchas gracias por tus palabras en sepositivosiempre.
Abrazo. Jabo
Qué importante es tener cubiertas las necesidades físicas,cuántas veces nos obsesionamos con una idea,no llegamos donde vamos o sencillamente no damos más de si,porque no nos alimentamos bien...y la mente nos lleva a verdaderos laberintos.
Tu cuento me ha gustado por tu genial gracia y expresividad al enfocar el tema.HEMOS DE CUIDAR EL CUERPO SIEMPRE.
Te dejo mi felicitación por la originalidad,empeño y vocación que pones en cada escrito.
Mi abrazo inmenso y feliz semana,amiga.
M.Jesús
Mar: gracias por tu afecto, tu dulzura. Este post me resultó entretenido y poseedor de un encanto especial...Súper abrazo. Cuídate.
Mar; contestando a tu pregunta:
Soporto una hernia discal que cuando cojo un poco de peso, me machaca sin piedad, trato de intentar aligerar dolores.
Posiblemente dentro de unos días (no seguro) vaya a Collado Villalva, si es así, me gustaría intentar conocerte, a ti y a Juan.
Besos.
Excelente relato, amiga Mar. he disfrutado leyéndolo. Un placer siempre, visitarte.
Besos. María
Pobre hombre, jajaja. Debería haber cobrado un plus de peligrosidad. No pensaba que conducir con la panza vacía fuera tan peligroso.
Me imagino la cara de la mujer viendo como sus mueble flamantes se hacían añicos contra un pino y al conductor del camión bufando como un toro escuálido por el hambre. ¡Genial!.
Un abrazo.
Ibso.
Mar,gracias por el detalle,comienzo a estar mejor,pero he pasado dos semanas preocupada por Jesús.Estaba muy cansado y temía que enfermara.Ahora es su cumple y él también comienza a estar mejor.
No te preocupes por blogger,nos está probando continuamente,pero ahí estamos siempre.
Mi abrazo inmenso y buenas noches,amiga.
M.Jesús
Me ha encantado tu relato, es divertidísimo y tú lo has bordado.
Llevas toda la razón, con la barriguita vacía nada de nada, pero si está demasiado llena tampoco. jajaja.
Un abrazo fuerte amiga, desde mi Librillo.
jajaja, pues mi querida Mar; mi primer GPS, muy bonito por cierto,
me jugaba muchas faenas; desde llevarme a calles sin salida que, por supuesto, no eran las direcciones deseadas, a dar vueltas y vueltas, pues me anunciaba la clásica banderita de "meta" (ésto me pasó en Zaragoza) y gracias a un transeunte pude descifrar el jeroglífico. Lo jubilé y, una vez que conté este último caso a mis hijos, me regalaron el Tom tom, que de tonto no tiene nada, y me lleva de la mano a cualquier recóndito lugar... aún con estómago vacío.
Muy simpática tu narración.
Besos, querida amiga.
muy buen relato mar, es la primera vez que paso por tu blog, te he conocido en un blog amigo.
Te invito a conocer a Sor.Cecilia, hoy tengo un vídeo recitando mi poema, espero que te guste.
Con ternura
Sor.Cecilia
¿Has visto la peli Un día de furia? Me he acordado de ella leyendo tu relato. Son muchos los días en que imaginamos quitarnos el freno de mano y tirar cuesta abajo nuestras responsabilidades. La línea que separa lo uno de lo otro es muy delgada. El día menos pensado...
Un abrazo grande
Un abrazo Mar. Espero estés bien.
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