Bienvenido a esta Bitácora, Navegante. Aquí encontrarás mi «Cuaderno de Impresiones, Cuentos, Relatos, Poemas, Reflexiones y otras Historias».

Escribí mi primer cuento con once años, lo inventé en un pequeño aseo donde me gustaba jugar. Con quince decidí que quería aprender el Arte de «Domar Caballos Salvajes» (léase Emociones que necesitan volver a coger sus riendas). Por eso llevo veintiún años, con sus amaneceres y sus lunas, ejerciendo la Psicología; esa «ciencia» tan infusa como errática. Mis raíces están en tierras de Castilla, pero mi alma se siente de las Costas y el mar del Norte. En mis sueños me reúno con las Sirenas, las Estrellas de mar, los Ventolines y los Caballitos del Cantábrico... Hace un septenio regresé a mi pequeño Taller de Letras. Y ahora soy «Psicolotora» especializada en Literalogía o «Escritóloga» en Psicoratura. Me chifla inventar palabras, tender historias de Letras en las cuerdas del olvido y airear mis impresiones al barlovento del papel...

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PENSAR... MAR ADENTRO.

PENSAR... MAR ADENTRO.
«La mente intuitiva es un don sagrado del que la mente racional es su fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra el sirviente y ha olvidado su don» © Albert Einstein. Imagen: Faro de Suances (Cantabria) © Mar Solana.

miércoles, marzo 23

UNA DE LAS PROFESIONES MÁS ANTIGÜAS: EL/LA TOCAPELOTAS



He leído pocas definiciones de la contundente (en sonido) palabra “tocapelotas”. Ácida y cargada de cierta socarronería, no se pasea por el diccionario de la RAE y en papá Google encuentras ciertos sinónimos como: fastidioso, “follonero" o persona que habitualmente molesta. A lo largo de mi vida me he topado con unos cuantos-as y algunos incluso me ofrecieron su amistad de toga y birrete. Por mi experiencia con ellos, he comprobado que estos individuos no sólo molestan de forma habitual –y no deseo enredaros en ninguna clase de trabalenguas–, son molestos con mayor frecuencia de la que nos gustaría y encima no se molestan, jamás, en escuchar tu opinión, empatizar contigo o entenderte; sólo tienen un objetivo: poseer a toda costa la razón, esa especie de afirmación o realización tan necesaria para el ego y tan poco productiva para el espíritu. La razón para ellos es un estandarte, la bandera de los grandes exploradores, es como un: “YO soy Amundsen y estuve en el Polo Sur; y eso nadie me lo discute…” Y pobre de ti como te atrevas a hacerlo o levantes un poco la mano para opinar otra cosa, por ejemplo, que además de Amundsen hubo más exploradores como el malogrado y mítico Scott… se puede liar parda.

Esta curiosa expresión, t-o-c-a-p-e-l-o-t-a-s, convertida en palabra al unir verbo y sustantivo en su escritura, tiene un sonido tajante y si decimos o escuchamos:
“¡Vaya t-o-c-a-p-e-l-o-t-a-s!”
produce más desahogo anímico que sus sinónimos o afines. Sin embargo, yo prefiero usar de ahora en adelante la alternativa:
t-o-c-a-n-a-r-i-c-e-s
, en honor a un órgano que todos poseemos, mientras que las pelotas, con perdón, son dominio exclusivo de la anatomía masculina –y eso nadie me lo discute, ¿verdad?–.

Los tocanarices, mucho antes de tomarse la molestia de conocerte, ya te han juzgado y condenado sin remisión. Siempre encuentran algo en ti que les irrita sobremanera: “Querida, ¿has cambiado tu forma de vestir?...”, pero no siempre saben qué es exactamente: “Me callo más cosas de las que te digo…”. Inflexible y en exceso intolerante con tus defectos, el tocanarices está dotado de un detector invisible conectado a un escupidor automático que funciona a tiempo completo o, como dirían los ingleses, full time.

Bajo su estricto y estrecho punto de vista, a menudo las cosas están mal colocadas, fuera de lugar o no son como ellos creen que deberían ser: “Antes no pasaba esto, menuda desfachatez…”. Mientras el barco se hunde y tú corres despavorida a intentar salvar el culo o a ayudar a otros a salvarlo, ellos se entretienen entre los músicos blandiendo amenazantes el arco del violín ante el descuido de un capitán mediocre o de una camarera insolente que te sirve la sopa con cucharilla de postre. La culpa es tuya o de otros, ellos nunca reconocen sus errores: son perfectos, básicamente. Aunque jamás te sabrán decir cuál es su planeta de procedencia.

Los tocanarices no entienden el TÚ, viven encorsetados en un YO muy ajustado que, además, no comprende lo de perder kilos o peinarse de otra manera. Ellos son los ninguneados e invalidados en todo momento, por eso sienten el mundo como una amenaza y a la mayoría de los mortales mediocres como un grano en el culo, ¡les disgustamos e irritamos hasta la saciedad! Son personas especialistas en el camuflaje, han aprendido a pegar coces y a estar a la defensiva, sobre todo porque tienen mucho miedo; así se disfrazan de leones o se calzan una coraza de tipo duro: “Si soy borde, los demás me respetarán…” Lo importante: disimular las emociones. Prefieren vivir de espaldas a sus sentimientos, ese mundo tan ajeno y extraño; y como están inmersos en las aguas estancadas de su ego, nadando dentro de su particular, ancho y cómodo flotador de indulgencia, son incapaces de situarse en tu lugar o de entender los tuyos. Como único acercamiento posible, despliegan su mapa mental de impertinencia y su larga lista de “deberías” esgrimiendo el índice acusador. 
Son tremendamente reacios a que los demás les ayuden cuando lo necesitan, ¡ellos son autosuficientes desde la cuna y sacan sus propias castañas de las brasas del achicharramiento, faltaría más!

El tocanarices se nutre con la crítica (destructiva) y la negatividad, y el antagonismo es su calzado diario. Su bebida preferida es la discusión con una buena tapa de arrogancia salpimentada con soberbia. Guardan como trofeos aquellas peleas en las que ven como tu rostro muda del blanco al berenjena en cuestión de segundos, o como saltas del asiento propulsada por el veneno de su aguijón. Te sonríe con una especie de labio egipcio, de perfil, y te clava su mirada maquiavélica para volver a afilar la daga una y otra vez. Aunque sepa que tú estés diciendo la verdad o lo correcto, jamás dará su brazo a torcer y seguirá erre que erre. No conoce el agotamiento porque se carga con tu energía, ¡cuidado, es un vampiro muy sutil! Su especialidad es la negación, te niegan y te rebaten hasta el color de tus ojos o tus propias ideas políticas, si es que las tienes. Sabe perfectamente cómo sientes y cómo piensas, ¡mejor que tú mismo! Se llena la boca con aquello de: “¿Ves? ¡Te lo dije! ¡Te avisé!”.

Y no se te ocurra sentirte ofendido y hacérselo saber, ¡como osas quitarle el cetro de la ofensa!, ese sólo lo ostenta él y nadie más… ¿Bromeas?, tú eres el molesto afrentador, desafiándole como un mosquito en una noche estival de bochorno, ¡ni se te ocurra! Mejor dejar las cosas como están e intentar tener la fiesta en paz, porque como raje su saco… querrás salir corriendo o haciendo como los gatos. Su lista, interminable, recorrerá todos los tiempos verbales, hasta los más pretéritos.

El tocanarices posee una categoría para definir a cada persona: “Este es un pijo, el otro un indeseable, aquel un mamarracho y tú… ¡un imbécil!" Y así una larga lista con poco o nada positivo y cero halagos. Tiene una dificultad casi genética para ver lo bueno de otros o dedicarle alguna palabra amable de vez en cuando. Si te estás divirtiendo en una velada, fiesta o reunión, es mejor que no se lo hagas saber, ni siquiera de forma sutil, hará lo indecible para amargarte el pastel y además intentará embadurnarte de chocolate tu vestido nuevo. Es un aguafiestas profesional, cuando percibe la más mínima alegría, activa su mecanismo de escupir amargura en plena jeta. “Querida, esta música es insoportable y me levanta jaqueca…”, “¿¡Pero dónde habrán comprado este vino tan peleón!?” “Esta fiesta está sembrada de indeseables…”.

Cuando te encuentres con alguien que rebate cualquier tema que se deposita sobre la mesa, no lo dudes, estás, casi con toda seguridad, al lado de un tocanarices. Ellos entienden de la reproducción en cautividad de las mariposas monarca, de las fluctuaciones de la bolsa y de las leyes más peregrinas; se saben los porcentajes de memoria y los temas político-sociales suelen ser sus preferidos. Y cuidado con los temas de salud, te dejarán por los suelos a costa de exhibir el buen funcionamiento de la suya. “Querida, ten cuidado con ese pie, una tontería puede acabar en amputación”, “Huy, mucho ojo con la depresión, es la antesala del suicidio…” Lindezas de este tipo ponen la guinda a un encuentro amargo y antipático y tú te preguntas, mientras intentas tragarte el último sorbo de café para no escupirlo, el por qué has vuelto a caer en sus garras, ¡por qué has dado pie a esa reunión de plomo derretido! Quizás porque eres rematadamente imbécil, como él mismo te ha sugerido en más de una ocasión con esa agresividad verbal que tan poco intenta disimular.

Existe una ley en la naturaleza que es bastante infalible, la ley de la atracción. Según esta ley atraemos a nuestra vida todo aquello afín a nuestras acciones, pensamientos y emociones. O sea, que si uno es un cenizo, no se rodeará más que de tonos pardos y grisáceos, y si uno es un…
¿¡¡t-o-c-a-n-a-r-i-c-e-s!!? ¡Socorro! Con carácter de urgencia comienzo un sondeo entre amigos (no tocanarices, claro) y familiares: “Oye, ¿tú crees que soy una tocapelotas?”. Las respuestas, acompañadas de una buena carcajada, son unánimes: “¿Tú? ¡Si estás siempre flotando en tu mundo de sueños! A veces eres algo mandona, socarrona y con mucho genio, claro, cuando abandonas tu órbita…”. Algo más tranquila, comienzo a pensar por qué yo he atraído a tantos tocanarices a mi vida; y la única razón que se me ocurre sigue siendo la afinidad, pero de los polos opuestos. Nos encontramos con determinadas personas en nuestro devenir porque ambos necesitamos aprender algo del otro o con el otro. Creo que el miedo es el responsable de que estas personas tengan siempre su daga a punto o el aguijón bien cargado. También es cierto que todos hemos tocado o tocamos también al prójimo las narices alguna vez y que, además, existen grados. Los hay que, cual aleteo de libélula, apenas rozan levemente tu nariz y están los que te la dejan como un pimiento morrón; por desgracia, son los más numerosos. 

martes, marzo 15

¿QUÉ LE ESTAMOS HACIENDO A NUESTRO "HOGAR"?

La Tierra es otro ser vivo; se llama Gaia y nos ha albergado durante millones de siglos con Amor, sin pedirnos nada, regalándonos sus flores a cambio de nuestro maltrato…


Ahora está gravemente enferma; gime y rabia de dolor y en el hálito de su desesperanza… te encuentra a ti… INOCENTE










¿INOCENTES?

AD AETERNUM...

TENEMOS DOS OREJAS Y SÓLO UNA BOCA...

TENEMOS DOS OREJAS Y SÓLO UNA BOCA...
PARA ESCUCHAR EL DOBLE DE LO QUE HABLAMOS ;=D

CUADERNO DE BITÁCORA: "DIARIO DE NAVEGACIÓN" ...

MAR ADENTRO AVISA E INFORMA:

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HACE CUARENTA Y CINCO AÑOS (¡WOW!)... YA ME GUSTABA LLEVAR LECTURA AL CAMPO ;DD

HACE CUARENTA Y CINCO AÑOS (¡WOW!)... YA ME GUSTABA LLEVAR LECTURA AL CAMPO ;DD

Soy la niña que asoma por la esquinita de la ventana, la primera por la izquierda...

Soy la niña que asoma por la esquinita de la ventana, la primera por la izquierda...
GRACIAS, MÓNICA...

ME GUSTARÍA SER DUEÑA DE UN INGENTE TESORO...

ME GUSTARÍA SER DUEÑA DE UN INGENTE TESORO...
... EL TIEMPO DESGRANADO Y SIN PRESTEZAS PARA ESCRIBIR, ESCRIBIR, SÓLO ESCRIBIR...

SABIA MAFALDA...

SABIA MAFALDA...
Pincha en la imagen si quieres ver una historia realmente bella...

¿TE APETECE ENTRAR EN LA BITÁCORA DE "MAR ADENTRO"?

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JOSÉ SARAMAGO: 16 de noviembre de 1922 - 18 de junio de 2010... ¡HASTA SIEMPRE MAGO DE LAS LETRAS!

JOSÉ SARAMAGO: 16 de noviembre de 1922 - 18 de junio de 2010... ¡HASTA SIEMPRE MAGO DE LAS LETRAS!
La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva. Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran. Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte...

CUANDO NO ENCUENTRES CONSUELO... LA MÚSICA ES EL MEJOR LENITIVO PARA EL ALMA...

¿SUEÑAN LOS 'REPLICANTES' CON UN MUNDO SIN FECHA DE CADUCIDAD?

EL BESO QUE TE ADIVINA ... es la Luz que te conduce a sacar de tí lo mejor ...

EL BESO QUE TE ADIVINA ... es la Luz que te conduce a sacar de tí lo mejor ...
a crecer en la mirada de quien verdaderamente te ama. El verdadero amor te quiere libre y como ser expansivo. Nunca admite murallas para el alma que respira... Es descubrir tu segunda piel, la que te eleva a la capacidad de ser decididamente afectivo, humedeciendo con licor de alegría los desiertos emocionales ... CARLOS VILLARRUBIA.

VIVIMOS SIEMPRE JUNTOS...

Llenamos el caldero
de risas y salero,
con trajes de caricias

rellenamos el ropero.

Hicimos el aliño

de sueños y de niños,
pintamos en el cielo
la bandera del cariño.

Las cosas se complican,
si el afecto se limita
a los momentos de pasión...

Subimos la montaña

de riñas y batallas,
vencimos al orgullo
sopesando las palabras.

Pasamos por los puentes

de celos y de historias,
prohibimos a la mente
confundirse con memorias.

Nadamos por las olas
de la inercia y la rutina,
con la ayuda del amor.

Vivimos siempre juntos, y moriremos juntos,
allá donde vayamos seguirán nuestros asuntos.
No te sueltes la mano que el viaje es infinito,
y yo cuido que el viento no despeine tu flequillo,
y llegará el momento
que las almas
se confundan en un mismo corazón...
(Letra y música: Nacho Cano)

MI AMADO SALITRE...

A LAURA SUJAMI: 'IN MEMORIAM'.

A LAURA SUJAMI: 'IN MEMORIAM'.
QUERIDA LAURA: TU PASO POR ESTA GRAN ESCUELA, LA TIERRA, HA SIDO UNA BENDICIÓN ... ¡DESCANSA EN PAZ! Pincha en la vela y navegarás al blog de salud que administró Laura con mucho cariño...