Bienvenido a esta Bitácora, Navegante. Aquí encontrarás mi «Cuaderno de Impresiones, Cuentos, Relatos, Poemas, Reflexiones y otras Historias».

Escribí mi primer cuento con once años, lo inventé en un pequeño aseo donde me gustaba jugar. Con quince decidí que quería aprender el Arte de «Domar Caballos Salvajes» (léase Emociones que necesitan volver a coger sus riendas). Por eso llevo veintiún años, con sus amaneceres y sus lunas, ejerciendo la Psicología; esa «ciencia» tan infusa como errática. Mis raíces están en tierras de Castilla, pero mi alma se siente de las Costas y el mar del Norte. En mis sueños me reúno con las Sirenas, las Estrellas de mar, los Ventolines y los Caballitos del Cantábrico... Hace un septenio regresé a mi pequeño Taller de Letras. Y ahora soy «Psicolotora» especializada en Literalogía o «Escritóloga» en Psicoratura. Me chifla inventar palabras, tender historias de Letras en las cuerdas del olvido y airear mis impresiones al barlovento del papel...

MANEJA ESTE TIMÓN DE LETRAS...

LA MAGIA Y EL AMOR DE LAS LETRAS...


CON LA MAGIA DE LAS LETRAS Y EL AMOR DE SUS ENCUENTROS...

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Me dicen que soy un blogger excelente ;D...

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ESTA SEMANA, TE RECOMIENDO... COGE UNA DE MIS CARACOLAS Y PPPSSSHHH... ESCUCHA...

PENSAR... MAR ADENTRO.

PENSAR... MAR ADENTRO.
«La mente intuitiva es un don sagrado del que la mente racional es su fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra el sirviente y ha olvidado su don» © Albert Einstein. Imagen: Faro de Suances (Cantabria) © Mar Solana.

domingo, junio 21

¡¡ POR FIN ... MI LIBRO: MI PRIMERA PUBLICACIÓN EN PAPEL !!

SI QUIERES MI LIBRO:

“Juan Cano Solana (1915-1936): UN POETA EN TIEMPOS DE GUERRA”
(Edición limitada)


Te lo envío por Correo Postal, con una dedicatoria personalizada. El precio es de 10 euros por ejemplar, gastos de envío incluidos (solo para la Península)

Si estás interesado-a, por favor, escríbeme un e-mail solicitándolo en la siguiente dirección: marivan65@gmail.com

Te contestaré a la mayor brevedad y te informaré sobre la forma de pago.

Podéis leer la historia de este libro y su prólogo en esta misma entrada.

Espero que os animéis... GRACIAS.








“Juan Cano Solana (1915-1936): UN POETA EN TIEMPOS DE GUERRA”


QUERIDOS NAVEGANTES DE "MAR ADENTRO”:


Hace dos años, este libro que ahora os presento con orgullo y satisfacción, comenzó a perfilarse como un proyecto levemente acariciado.

El año anterior, en marzo de 2006, sucedió algo muy importante en mi vida. A través de un interesante libro de Psicología: “Emociones y temperamentos”, conocí a su autora gracias a la ciber magia que nos otorga Internet, Sofía Pereira. Sofía es la tía de Jorge Brown, al que dediqué un poema el 25 de marzo de 2009: “A Jorge”


La lucha de Sofía por recuperar la memoria de su sobrino Jorge, a la par que nuestra especial relación epistolar de nutritivas e interminables cartas electrónicas, devolvió de nuevo a mi alma de escritora el petit leitmotiv que necesitaba para retornar al mundo de la literatura. Se sembró una semilla de admiración y acicate, que comenzó a germinar al año siguiente.

El 4 de noviembre de 2007 y también motivada por un programa de la primera cadena de televisión: “Informe Semanal” dedicado a “La memoria histórica” de nuestro país, puse en marcha este periplo. Ahora, trás dos años de trabajo, dedicación y algún que otro sinsabor, recojo el fruto sembrado: mi primer libro en coautoría, que comparto con todos vosotros Mar Adentro.


Es un pequeño relato sobre la efímera biografía de mi Tío, Juan Cano Solana, al que fusilaron al comienzo de la Guerra Civil. Estaba estudiando en el seminario de Ávila y tenía veintiún años. Le quitaron la vida de una forma muy cruel, carecía de ideas políticas, no se significaba ante nada, tan sólo se preparaba para ser sacerdote, por eso le mataron. Como la gran mayoría de los fratricidios que se cometieron en aquella maldita guerra, tierra de nadie, y hoy un lamentable y amargo recuerdo para todos nosotros, descendientes directos de víctimas y verdugos.


Tras ver aquel programa que os menciono sobre “La memoria histórica” en Informe Semanal, comencé a albergar la idea de reeditar un pequeño “drama poético” escrito por mi Tío en el año 1932 y que vio por vez primera la luz, de forma póstuma, en mayo de 1946, diez años después de su muerte. La idea principal era, sobre todo, rescatar de los escombros del olvido, del miedo y del dolor, la memoria de un ser humano tan excepcional como fue él.

Contaba con algunos recuerdos, aquí y allá, esparcidos por los polvorientos anaqueles de mi memoria, que su hermano y mi padre, Santiago Cano Solana, se había encargado de diseminar. Cuando mi padre hablaba de Él, en su semblante se dibujaba una mezcla de dolor, rabia y orgullo; sus ojos poseían ese brillo líquido de lágrimas escondidas que, con la anestesia que inyecta el paso del tiempo, había aprendido a ocultar de forma magistral. Mi querido padre siempre fue el hermano que más hablaba de él, que más le recordaba, a pesar del dolor y la vergüenza de aquellos luctuosos hechos que él siempre sintió tan injustos. 


Pero esos deslavazados recuerdos que yo atesoraba desde muy pequeña no eran suficientes para poner en marcha lo que me proponía. Así que me armé de coraje y, con los pocos datos que poseía sobre mi Tío, envié algunos correos electrónicos, poniendo "SOS" en el asunto, a aquellos lugares que consideré que me ayudarían pero sin ninguna esperanza de respuesta.

Cuál no sería mi sorpresa que a los dos días, el 6 de noviembre de 2007, recibo no una, sino dos respuestas a mis ansiados correos. Y decido ponerme en contacto con el que hoy es coautor de este interesante librito: José Antonio Calvo Gómez, sacerdote, escritor, teólogo y, ante todo, un avezado historiador conocedor de la tierra en la que nació mi Tío, El Arenal de Ávila, como la palma de su mano. Gracias a su trabajo de campo, pudimos ir desenterrando los datos que ambos necesitábamos para escribir nuestros textos, él sobre la historia de El Arenal en el año 1936 y yo sobre la biografía narrada de mi Tío, el joven seminarista, escritor y poeta en ciernes, Juan Cano Solana. Juntando nuestros trabajos con la revisión del drama poético de mí Tío, además de las deliciosas y entrañables láminas que acompañarían al texto, dibujadas por el joven David Iglesias Martínez, nació este libro, mi primer hijo literario, del que me siento enormemente orgullosa.


Os dejo con el Prólogo, espero que lo disfrutéis.

Al final podéis ver el video con la canción que interpreta Enya en la BSO de la peli "Gladiator": "We are free now", música que está muy ligada a mí porque me inspiró para poder terminar esta historia tan triste y amarga, pero tan llena de esperanza...

“Todos los seres humanos poseemos el deber moral de no olvidar a nuestros muertos, de rescatar su memoria.Debemos recordar que nosotros estamos en esta tierra y somos quienes somos gracias a la existencia y al amor de los que nos precedieron.Juan Cano Solana, el poeta, fue en el tiempo que vivió, su tiempo, una joven promesa repleta de talentos, una noble semilla segada y arrancada por el odio de los hombres, la injusticia humana, la ignorancia y la incomprensión de una España dividida y eternamente enfrentada. 
Ahora, casi setenta y tres años después, hemos decidido insuflar aires más frescos a esta nueva publicación añadiendo un relato sobre su efímera pero intensa vida, así como algunos e importantes datos históricos sobre El Arenal de Ávila, lugar donde nació y creció el joven poeta y seminarista, Juan Cano Solana.Esta es la “cuenta pendiente” que le debíamos todos los suyos, con ello esperamos henchir de alegría y satisfacción aquel lugar del cielo donde mora su magnánima alma.”
 
Mi padre, Santiago Cano Solana, ya nos había contado muchas veces algunos fragmentos sobre su vida y su muerte, más cuando hoy supe los desgraciados detalles que la rodearon y los tristes días que la precedieron, me sentí profundamente emocionada y consternada como jamás lo había estado en mi vida. Y aunque me he parado a reflexionar muchísimas veces sobre el por qué o el para qué de la crueldad y el odio entre los hombres, casi siempre alcanzo la misma conclusión: una persona capaz de poner fin a la vida de otra, de truncar vilmente su destino y oportunidades de desarrollo y evolución como ser humano, tan sólo es persona en cuerpo y apariencia, porque su alma es la de un títere a merced de oscuras fuerzas que, desde el principio de los tiempos, están batallando en contra de la humanidad para dificultar nuestras tareas en pro del bien.
Mi tío, ese gran hombre que pudo ser, a la par que otras muchas personas que, como él, murieron de forma tan despiadada, injusta y cruel, nos han dejado una “cuenta pendiente" a los que hoy podemos recuperar su memoria, y es precisamente la de coronar su recuerdo con aquella bella rosa que nunca pudo reposar serenamente sobre aquel lugar que los vio por última vez. Se trata de "cerrar" la historia de una vida que, en aquel momento y bajo aquellas circunstancias, no se pudo llevar a cabo con la dignidad que todo ser humano merece." 
Villalba, 19 de junio de 2009.

martes, junio 16

RELATOS DE LA ANTORCHA: Charlas, lecturas y reflexiones alrededor de la hoguera.




La armonía invisible es mayor que la armonía visible. (Heráclito de Éfeso 530-480 a.C.)

Un solo camino narrable queda: que es. Y sobre este camino hay signos abundantes. (Parménides de Elea)


Capítulo cinco: La esencia de lo inmutable.

Eolina lloraba desconsoladamente en el regazo del mago Lumbrel, como una niña que acabara de extraviar su juguete preferido. Las otras ninfas y Glïky, el duendecillo, la observaban con una mezcla razonable de curiosidad y sorpresa, pues desconocían qué o quién habría podido perturbar el ánimo de su aérea amiga de aquella manera.

─ No me reconoció… no se acordó de mí─mascullaba Eolina entre hipidos y sollozos.

─ Vamos, vamos, querida, cálmate y cuéntanos qué te ha puesto tan triste─le dijo el mago con tono afable en un intento de aplacar su tristeza e inquietud de ánimo. Eolina descubrió la cabeza de entre sus manos, se enjugó las lágrimas que ya revoloteaban perlando hojas, flores y tallos, y exclamó moviendo sus alas por encima de sus amigos:


─Kity… la mariquita… vuelve volando una y otra vez a la misma rama del roble en la que yo suelo descansar y meditar los relatos. Se posa en uno de mis dedos, me sonríe, me pregunta quién soy y si puedo indicarle el camino hacia el río. Le digo que soy la ninfa del aire, que inspiro a través del viento y de la brisa, después le indico el camino hacia el río; ella me sonríe de nuevo, me dice su nombre y se aleja de allí con sus regordetas y torpes alitas, no sin antes decirme que nos volveremos a encontrar. Y vuelve, a la mañana siguiente, y sucede exactamente lo mismo. Ayer, le conté lo que pasaba y que si podía hacer algo por recordarme, ya que me gustaría que fuéramos amigas. Me contestó que cuando volviera a pasar por nuestro roble me recordaría sin problemas. Y esta mañana… ¡ha vuelto a pasar lo mismo!─balbució Eolina y prorrumpió de nuevo en desconsolados sollozos. 


Daphne se incorporó de su improvisado asiento pétreo y se situó cerca de Lumbrel. Con el tallo de una flor, comenzó a acariciar la cabecita de la apesadumbrada ninfa que en el suave movimiento iba soltando sus vilanos formando un millar de nubecitas blancas y doradas. Eolina sonrió con el rostro aún perlado por sus lágrimas, su grácil cuerpecillo aparecía ahora como nimbado por una luz especial.


─Mi querida niña, Eolina, hay seres que carecen de la capacidad para recordar, para hacer permanecer el pasado y sus experiencias de vida en sus almas. En general, en la Naturaleza, todo está sujeto al cambio, al fluir propio de la existencia. Ora las flores brotan, ora marchitan, la oscuridad de la noche es la antesala de la luz de un nuevo y radiante amanecer. Nuestro sabio amigo Heráclito, el filósofo griego, decía que todo en la Naturaleza está cambiando constantemente, que "todo fluye" y nada permanece. Sin embargo, existe un principio unificador gracias al cual podemos hablar de esencia íntima de todas las cosas. Es decir, que la rosa florezca siempre rosa, el lirio, lirio, aunque no sean los mismos que florecieron la primavera pasada. No obstante, han vuelto a florecer, porque la "esencia de ser" una rosa o "de ser" un lirio, aún permanece. La esencia de lo inmutable es eterna, querida niña. Gracias a ello podemos hablar del espíritu de los seres vivientes y de las fuerzas espirituales que facilitan que esta esencia perdure in secula seculorum.
Existen seres en la Naturaleza, aparte de los humanos, ─continuó contando Lumbrel a su elemental, mágica y, en general, diminuta concurrencia; mientras se mesaba sus níveas y dilatadas barbas─que recuerdan de una manera formidable y digna de admiración a sus antepasados… 


“Había una vez, en un lugar hermoso y lejano, un circo…”─ y comenzó a narrarles el cuento de “La memoria de Tatú”.

Esta vez, Lumbrel no cerró ningún libro. Había narrado a sus amiguitos el cuento del elefante sin necesidad de leerlo. Todos estaban visiblemente emocionados con la historia de Tatú. Eolina comenzó a batir sus alitas, nerviosa y excitada. Se llevó una de sus manos a la boca y les sopló a todos un tierno y aéreo beso al tiempo que se alejaba de allí. Ondina, con su habitual tono de voz húmedo y meloso, alcanzó a preguntar:─pero Eolina, querida, ¿dónde marchas tan rápido?

─A buscar un elefante como Tatú, a ver si quiere ser mi amigo─le contestó la ninfa del viento. Y batiendo sus alas con prestancia por encima de las copas de los árboles, se alejó de allí.

Villalba, 15 de junio de 2009

© Mar Solana.

martes, junio 9

EL EXTRAÑO LADRÓN


Haciendo gala de una presteza inaudita en ella, planeó. Más bien levitó, si uno lo observaba desde cierta distancia, durante apenas unas décimas de segundo sobre los cuatro escalones metálicos del autobús. Se abalanzó sobre aquel que creía un vulgar carterista, su hurtador. Cogiéndole por las curtidas solapas de lo que parecía un abrigo de piel, le espetó─: ¡devuélveme lo que me has quitado, mamón!
Algunas personas que pasaban por allí, las que esperaban en la parada y todas las que iban apeándose del autobús, se arremolinaron, expectantes, alrededor de la extraña y a la vez, cómica pareja.Era una mujer muy joven, delgada como el tallo de una flor. Tenía el pelo castaño con irisaciones de color granate. Su mirada, perdida y vidriosa, se enfocaba a través de unos ojos verdes que con la indolencia que pesa sobre una vida plagada de pesar y despropósitos, se habían negado ya a refulgir.
─ ¡Qué me des ahora mismo lo que me has quitado, sé que has sido tú, ibas a mi lado sin perder un detalle sobre mí durante todo el viaje!─ le volvió a interpelar con exasperación y sin dejar de zarandearle─. Sintió, a pesar de la presión de sus puños contrariados, apretados en las solapas del interfecto, la suavidad característica de una buena piel y pensó:
“¡Guau!, ¡menudo abriguito para un chorizo de poca monta…!”
Mientras, un viscoso hilillo de baba se deslizaba, patético, por una de las comisuras del zarandeado. Con la lengua extendida fuera de la boca cual persiana granate y gelatinosa, jadeaba sin descanso. Sus grandes fauces exhalaban un aliento espeso y pútrido. Unos ojos negros como el carbón y redondos como pelotas se clavaron suplicantes en los de ella. Intentó zafarse de aquellos puños iracundos haciendo unos extraños aspavientos con unos delgados y peludos brazos. Los movía sin control alguno, a modo de convulsiones desesperadas. Una especie de gruñido lastimero se escapó de su boca como única respuesta hasta el momento.
─No me vas a dar el monedero que me has quitado, ¿verdad?─ le dijo un poco más calmada, pero sin soltar aún aquellas peludas y extrañas solapas─ ¿Estás jugando conmigo?, ¿acaso me estás suplicando? ¡Maldita sea, dime algo, aunque sea para mentirme o para defender tu estima, si es que tú tienes de eso!
Las personas que habían cerrado el círculo a modo de improvisados espectadores callejeros, se reían y se dedicaban unos a otros miradas cómplices y burlonas. Cuchicheaban entre sí, juntaban sus palmas como en un aplauso sin terminar y volvían su atención y sus miradas, de nuevo, hacia ese extraño y divertido incidente callejero.De repente, alguien se precipitó hacía el círculo haciendo aspavientos y profiriendo imprecaciones. Era una mujer de algo más de cincuenta años, de formas compactas y con el pelo color ceniza. Estaba furiosa. En su mano derecha llevaba algo que se asemejaba a una correa y que movía en el aire al mismo tiempo que gesticulaba impetuosamente, casi hasta el paroxismo, y gritaba─: ¡pero que hace esta chalada, seguro que está borracha! ¿Qué mierda es esta?─ vociferó la mujer a medida que se iba acercando, abriéndose paso entre los curiosos.
─ ¡Eh, abuela, sin insultar, sólo estoy reclamando lo que es mío!, ¿vale?─ dijo ella alargando un poco la última vocal en un intento de resultar irónica, o tal vez sensata. Aunque en realidad estaba muy frustrada y enormemente contrariada con todo aquello. Titubeó y dirigió a su público una mirada huidiza, tímida y avergonzada, sin dar crédito o entender todavía lo que le acababa de suceder. Intentó dar alguna clase de explicación a los que todavía se encontraban por allí, pero sus labios y su mente sólo alcanzaron a proferir unas frases entrecortadas e inconexas.
De repente, en su rostro se fue dibujando una mueca que era como una débil sonrisa hacia dentro. Dirigió una mirada de desdén a la concurrencia y extrajo de su monedero marrón y despellejado, el que había estado todo el tiempo en el bolsillo trasero derecho de unos parcheados y descoloridos tejanos, un reluciente blíster con varias hileras de pastillas blancas, redondas y pequeñitas, que se alineaban en varias filas impolutamente ordenadas de dos en dos, siguiendo tal vez el ritmo obsesivo de quién había diseñado aquella presentación. Rasgó el aluminio que las encapsulaba y tomó dos de aquellos redondelitos blancos que rápidamente se llevó a la boca junto con un largo trago del líquido cobrizo que contenía una pequeña petaca negra y plateada que sacó con especial disimulo de un viejo bolso con forma de macuto. Ahora, sus ojos vidriosos dejaban traslucir un casi imperceptible brillo líquido en el que se adivinaba un refulgir cotidiano de tenues lágrimas escondidas.

El resto de público que se había congregado allí para disfrutar de aquella súbita pantomima, fue también abriendo el círculo y despejando aquel lugar de humos reconcentrados y ruidos estridentes. Algunos se llevaban su dedo índice a la sien y lo giraban. Otros fruncían los labios y entrecerraban sus ojos en un gesto que contenía desdén y lástima, al mismo tiempo, por aquella joven.
─ ¡Eh, tú…! ¿¡Qué mierda estás mirando!?─ le interrogó con desaire a alguien que aún continuaba en el círculo de curiosos. Y con la mirada todavía perdida en sus habituales ensoñaciones y un caminar torpe y desmayado, la joven delgada como el tallo de una flor, se alejó de allí…
Mientras tanto, y ya a lo lejos, se podía ver a la mujer de formas compactas y el pelo color ceniza, caminando con presteza y decisión al lado de su adorado Gran Danés. La dueña movía la cabeza enérgicamente hacia ambos lados como en un rictus de negación y el perro iba desplegando sus cuatro patazas sobre el asfalto con indolencia y pusilanimidad.

Villalba, 26 de febrero de 2009 (revisado y reescrito el 9 de junio de 2009)

martes, junio 2

RELATOS DE LA ANTORCHA: Charlas, lecturas y reflexiones alrededor de la hoguera.

Este pequeñajo tan simpático que estáis viendo en la foto, es Glïky... Ese día lo pasó con Eolina... se estaba despidiendo de ella... ;=)




“Cuando alguien indeseable se te acaparre en el alma y pretenda estrangular tu senda, apártalo de tu camino, déjalo atrás, sin la menor piedad, no podría ser de otra manera si pretendes crecer…”




A Ignasi...

Capítulo Tercero: Quedarnos con lo necesario, arrancar la mala hierba.

El mago Lumbrel está ojeando el libro que tiene en sus manos. Es un bellísimo ejemplar llamado: “Ser como el río que fluye” de Paulo Coelho, un humano muy especial. Ha escrito ya muchos libros extraordinarios y ha sido premiado en varias ocasiones, entre ellas, fue nombrado Caballero de las Artes y las Letras. Lumbrel, con el gesto ensimismado y el ánimo absorto en toda la magnitud de aquel libro, va recorriendo con su dedo índice y parándose un instante en aquellas lecturas que le parecen más interesantes y que podrían ser candidatas para las reflexiones de aquella noche con sus amigos, las cuatro ninfas y el duende del bosque.
En ese momento y con andares taciturnos, llega Glïky. El mago sabe que algo le ha pasado, ya que su caminar no es trotón y alegre como de costumbre.
─ ¡Maldita sea, no puede ser, que me corten las barbas!─ exclama el duendecillo con el gesto mudado por el enfado.
─ ¡Vamos, vamos, amigo…! ¿Qué es lo que tanto turba tu ánimo?, ¿qué te ha ocurrido, querido Glïky?─ escudriña el mago al duendecillo, sobre todo con la intención de sosegar el airado talante del que en aquellos momentos es presa su amiguito.
─ ¿Qué… qué…? ¡Ha crecido, todo lo ha invadido…! ¡Mis fresas, mis fresas, yo no sé que puedo hacer!─ en ese momento y con gran pesar, se dirige a un rincón a sentarse, baja su cabezota con su sombrero de cucurucho rojo como las grosellas, se la sujeta con sus larguiruchas manos y comienza a moverla hacia un lado y hacia el otro como en un gesto de continua negación.
─Vamos, Glïky, querido, la mala hierba se arranca, porque si no, se comerá tus fresas y seguirá…, seguirá creciendo si no la desarraigas, y acabará por anegar todo tu huertito del bosque recién roturado… Y tú no quieres que eso…
─ ¡Pues claro qué no quiero que se coma mis fresas, maldita sea, Lumbrel!─ le espetó Glïky, sin dejar terminar de hablar al mago y levantando bruscamente la cabeza de entre sus manecillas, alargando todo lo que pudo la última sílaba: “breeelll”─pero…no puedo, lo he intentado y no puedo, no puedo hacerlo─ vuelve a arrellanarse en su rincón, se tapa de nuevo la cabeza con sus dos larguiruchas manecillas y comienza a gemir como en un suave y melódico llanto. Es absolutamente asombrosa la capacidad que tiene nuestro duendecillo de pasar de un estado de ánimo a otro: del enfado a la tristeza más avasalladora.
─ Daphne preparó la tierra y me ayudó a plantar las semillas… y Ondina me envió el agua que necesitaban─ balbuce Glïky con una voz mecida entre suaves sollozos. El mago Lumbrel se acerca, se agacha un trecho considerable hasta llegar a él y le acaricia con gesto paternal el trocito de cabeza que su cucurucho rojo como las grosellas deja al descubierto.
─Venga, querido amigo, no te turbes de esta manera. Tengo algo que puede ayudarte mucho, sobre todo a tomar la decisión de deshacerte de tus malas hierbas─ le dice el mago sin dejar de acariciarle. En ese momento, Glïky levanta de nuevo la cabeza y golpeando con su sombrerete de cucurucho la mejilla de Lumbrel, comienza a enjugarse su rostro perlado por las lágrimas con una de sus manecillas. Dirige al mago una mirada cargada de interés y con una sutil combinación de sorpresa y escepticismo. Y es que los duendecillos son seres tremendamente desconfiados.
─Acabo de decidir la lectura que voy a compartir con vosotros esta noche alrededor de la hoguera. Se titula: “Preparado para el combate, pero con dudas” de este fantástico libro que he estado consultando: “Ser como el río que fluye”, de nuestro amigo humano, Paulo Coelho. Estate atento a la lectura amiguito, quizás ella y los consejos posteriores de nuestras ninfas, puedan ayudarte más de lo que en estos momentos eres capaz de creer. Glïky se relaja y traga saliva. Retira su mirada de los ojos del mago, pues no alcanza a comprender o a ver con sus diminutos y vivarachos ojillos, cómo éste se las arregla siempre para adivinar sus pensamientos y todo lo que está sintiendo. Sólo aquella idea le hace estremecerse de vergüenza. Y es que el mago Lumbrel era como un padre para él.



Aquella noche, el cantar de algunos grillos y el lejano ulular de Nox, su amigo el búho, son los únicos sonidos capaces de detener el sempiterno e inamovible silencio reinante. Cuando todos estaban ya reunidos alrededor del fuego, con la mirada clavada en aquel misterioso libro que esa noche iba a leer Lumbrel y con el alma y el corazón desplegados de par en par para acoger todo lo que les hiciera falta en su ya dilatado e instructivo caminar. Cuando, al fin, parece que todo se suspende… Lumbrel, con gesto circunspecto, se coloca su acostumbrado monóculo delante de su ojo derecho y con un tono de voz que casi se acercaba al histrionismo, comienza a leer:


“(…) Voy vestido con un extraño uniforme verde, hecho con tejido grueso y lleno de cremalleras. Llevo guantes en las manos para evitar heridas. Cargo con una lanza casi de mi altura: su extremidad de metal lleva un tridente a un lado y una punta afilada al otro.
Y ante mis ojos está lo que va a ser atacado en el próximo minuto: mi jardín.
Con ese objeto en la mano, empiezo a arrancar la hierba mala que se ha mezclado con el césped. Paso un buen rato haciéndolo y sé que la planta retirada del suelo morirá antes de que pasen dos días.
De repente, me pregunto: ¿estoy actuando bien?
Lo que llamo “hierba mala” es en realidad un intento de supervivencia de determinada especie, que tardó millones de años en ser creada y desarrollada por la naturaleza. La flor fue fertilizada gracias a incontables insectos, se transformó en semilla, el viento la diseminó por todos los campos circundantes y así –porque no está plantada sólo en un punto, sino en muchos lugares- sus posibilidades de llegar hasta la próxima primavera son mucho mayores. Si estuviese concentrada en un solo lugar, estaría a merced de los animales herbívoros, de una inundación, de un incendio o de una sequía.
Pero todo ese esfuerzo de supervivencia choca ahora con la punta de una lanza, que la arranca, sin la menor piedad, del suelo.
¿Por qué hago esto?
Alguien creó el jardín. No sé quién fue, porque, cuando compré la casa, ya estaba ahí, en armonía con las montañas y los árboles a su alrededor, pero el creador debió de pensar por extenso lo que debía hacer, debió de plantar con mucho cuidado y preparación (existe una fila de arbustos que oculta la caseta en la que guardamos leña) y debió de ocuparse de él a través de incontables inviernos y primaveras. Cuando me entregó el viejo molino, donde paso unos meses al año, el césped estaba impecable. Ahora me corresponde a mí dar continuidad a su trabajo, aún cuando persista la cuestión filosófica: ¿debo respetar el trabajo del Creador, del jardinero, o debo aceptar el instinto de supervivencia con que la naturaleza dotó a esta planta, hoy llamada “hierba mala”?
Sigo arrancando las plantas indeseables y colocándolas en un montón que en breve será quemado. Tal vez esté yo meditando demasiado sobre asuntos que nada tienen que ver con reflexiones, sino con acciones. Ahora bien, cada gesto del ser humano es sagrado y está cargado de consecuencias y eso me obliga a pensar más sobre lo que estoy haciendo.
Por un lado, esas plantas tienen derecho a diseminarse en cualquier dirección. Por otro, si yo no las destruyo ahora, acabarán sofocando el césped. En el Nuevo Testamento, Jesús habla de arrancar la cizaña para que no se mezcle con el trigo.
Pero –con o sin el apoyo de la Biblia- estoy ante un problema concreto que la Humanidad afronta siempre: ¿hasta qué punto es posible inmiscuirse en la labor de la naturaleza? ¿Es siempre negativa esa intromisión o puede ser positiva a veces?
Dejo de lado el arma, también conocida como azada.
Cada golpe significa el final de una vida, la inexistencia de una flor que se abrirá en la primavera, la arrogancia del ser humano que quiere moldear el paisaje que lo rodea. Necesito meditar más, porque en este momento estoy ejerciendo un poder de vida y muerte. El césped parece decir: “Protégeme, que va a destruirme”. La hierba también me habla: “Yo viajé desde tan lejos para llegar a tu jardín… ¿por qué quieres matarme?”.
Al final, lo que acude en mi ayuda es el texto indio Bhagavad Gîtà. Recuerdo la respuesta de Krishna al guerrero Arjuna, cuando éste se muestra desalentado antes de una batalla decisiva, tira sus armas al suelo y dice que no es justo participar en un combate que terminará con la muerte de su hermano. Krishna responde más o menos lo siguiente: “¿Crees tú que puedes matar a alguien? Tu mano es Mi mano y todo lo que estás haciendo ya estaba escrito que se haría. Nadie mata y nadie muere”.
Animado por ese súbito recuerdo, empuño de nuevo la lanza, ataco las hierbas que no fueron invitadas a crecer en mi jardín y me quedo con la única lección de esta mañana: pido a Dios que, cuando algo indeseable crezca en mi alma, me dé el mismo valor para arrancarlo sin la menor piedad”. (*)


Casi de inmediato, ven levantarse a Glïky, raudo y veloz. Con una amplia sonrisa en su regordeta carita, le ven alejarse de allí, imprimiendo su simpático andar trotón a sus dos piernecillas patizambas y con su habitual alegría al caminar, como de costumbre. Quiere estar preparado con su azada, lo antes posible, para salvar sus fresas al despuntar las primeras luces del alba. Lumbrel sonrie, cierra el libro con deleite y en silencio, da las gracias a su amigo humano, Paulo Coelho.

Villalba, 1 de junio de 2009.

(*) El texto en color verde está extraído del libro: “Ser como el río que fluye”, de Paulo Coelho.





AD AETERNUM...

TENEMOS DOS OREJAS Y SÓLO UNA BOCA...

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PARA ESCUCHAR EL DOBLE DE LO QUE HABLAMOS ;=D

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HACE CUARENTA Y CINCO AÑOS (¡WOW!)... YA ME GUSTABA LLEVAR LECTURA AL CAMPO ;DD

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Soy la niña que asoma por la esquinita de la ventana, la primera por la izquierda...

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¿TE APETECE ENTRAR EN LA BITÁCORA DE "MAR ADENTRO"?

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JOSÉ SARAMAGO: 16 de noviembre de 1922 - 18 de junio de 2010... ¡HASTA SIEMPRE MAGO DE LAS LETRAS!

JOSÉ SARAMAGO: 16 de noviembre de 1922 - 18 de junio de 2010... ¡HASTA SIEMPRE MAGO DE LAS LETRAS!
La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva. Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran. Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte...

CUANDO NO ENCUENTRES CONSUELO... LA MÚSICA ES EL MEJOR LENITIVO PARA EL ALMA...

¿SUEÑAN LOS 'REPLICANTES' CON UN MUNDO SIN FECHA DE CADUCIDAD?

EL BESO QUE TE ADIVINA ... es la Luz que te conduce a sacar de tí lo mejor ...

EL BESO QUE TE ADIVINA ... es la Luz que te conduce a sacar de tí lo mejor ...
a crecer en la mirada de quien verdaderamente te ama. El verdadero amor te quiere libre y como ser expansivo. Nunca admite murallas para el alma que respira... Es descubrir tu segunda piel, la que te eleva a la capacidad de ser decididamente afectivo, humedeciendo con licor de alegría los desiertos emocionales ... CARLOS VILLARRUBIA.

VIVIMOS SIEMPRE JUNTOS...

Llenamos el caldero
de risas y salero,
con trajes de caricias

rellenamos el ropero.

Hicimos el aliño

de sueños y de niños,
pintamos en el cielo
la bandera del cariño.

Las cosas se complican,
si el afecto se limita
a los momentos de pasión...

Subimos la montaña

de riñas y batallas,
vencimos al orgullo
sopesando las palabras.

Pasamos por los puentes

de celos y de historias,
prohibimos a la mente
confundirse con memorias.

Nadamos por las olas
de la inercia y la rutina,
con la ayuda del amor.

Vivimos siempre juntos, y moriremos juntos,
allá donde vayamos seguirán nuestros asuntos.
No te sueltes la mano que el viaje es infinito,
y yo cuido que el viento no despeine tu flequillo,
y llegará el momento
que las almas
se confundan en un mismo corazón...
(Letra y música: Nacho Cano)

MI AMADO SALITRE...

A LAURA SUJAMI: 'IN MEMORIAM'.

A LAURA SUJAMI: 'IN MEMORIAM'.
QUERIDA LAURA: TU PASO POR ESTA GRAN ESCUELA, LA TIERRA, HA SIDO UNA BENDICIÓN ... ¡DESCANSA EN PAZ! Pincha en la vela y navegarás al blog de salud que administró Laura con mucho cariño...