Bienvenido a esta Bitácora, Navegante. Aquí encontrarás mi «Cuaderno de Impresiones, Cuentos, Relatos, Poemas, Reflexiones y otras Historias».

Escribí mi primer cuento con once años, lo inventé en un pequeño aseo donde me gustaba jugar. Con quince decidí que quería aprender el Arte de «Domar Caballos Salvajes» (léase Emociones que necesitan volver a coger sus riendas). Por eso llevo veintiún años, con sus amaneceres y sus lunas, ejerciendo la Psicología; esa «ciencia» tan infusa como errática. Mis raíces están en tierras de Castilla, pero mi alma se siente de las Costas y el mar del Norte. En mis sueños me reúno con las Sirenas, las Estrellas de mar, los Ventolines y los Caballitos del Cantábrico... Hace un septenio regresé a mi pequeño Taller de Letras. Y ahora soy «Psicolotora» especializada en Literalogía o «Escritóloga» en Psicoratura. Me chifla inventar palabras, tender historias de Letras en las cuerdas del olvido y airear mis impresiones al barlovento del papel...

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«La mente intuitiva es un don sagrado del que la mente racional es su fiel sirviente. Hemos creado una sociedad que honra el sirviente y ha olvidado su don» © Albert Einstein. Imagen: Faro de Suances (Cantabria) © Mar Solana.

miércoles, abril 29

UN VIOLINISTA EN EL METRO


Queridos amigos, lectores, seguidores, bloggeros y navegantes “casuales” por MAR ADENTRO:

En abril de 2007, se publicó una curiosa noticia en todos los periódicos del mundo. A mí me llegó el otro día, vía mail y gracias a mi hermana, porque he de confesaros, que no siempre me entero de todo lo que sucede allende los mares :-). Por lo visto, fue una notica enormemente mediática y muy comentada, sobre todo en círculos afines. He cogido de aquí y de allá, cual collage, todo lo que he encontrado referente a esta noticia y lo he resumido en un pequeño relato que os dedico a continuación a todos vosotros, amigos lectores.Espero que lo disfrutéis, y aunque seguramente, muchos de vosotros ya conoceréis la historia, no quería dejar de compartirla…


UN VIOLINISTA EN EL METRO


Hace dos años, un hombre de mediana edad, alto y corpulento, moreno y de pelo liso, con la nariz levemente respingona, se sentó en una estación de metro de la ciudad de Washington a una hora punta, un viernes de una fría mañana del mes de enero, y comenzó a tocar el violín, un Stradivarius de 1713.
Durante cuarenta y tres minutos, el hombre de la nariz respingona y gesto sereno, tocó el violín vestido con vaqueros, una camiseta y una gorra de béisbol. Interpretó seis obras de Bach. Durante ese tiempo, se calcula que pasaron por esta estación algo más de mil personas, probablemente de camino a sus trabajos.Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre joven, de unos treinta años, alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música. Se detuvo frente al violinista durante unos minutos para escucharle. Por su gesto se podía adivinar como su ánimo se iba anegando de una inmensa paz.
Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar a la funda de su violin y continuó su marcha. Algunos minutos más tarde, alguien se apoyó contra la pared a escuchar, pero enseguida miró su reloj y retomó su camino.

Quien más atención prestó fue un niño de 3 años. Su madre tiraba del brazo, apurada, pero el niño se plantó ante el músico. Cuando su madre logró arrancarle del lugar, el niño volvió a girar su cabeza para mirar al artista. Esto se repitió con otros niños. Todos los padres,sin excepción, les forzaban a seguir la marcha.

En los aproximadamente tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo siete personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó treinta dos dólares.

Cuando terminó de tocar y la estación volvió a sus habituales ruidos y normal bullicio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos.Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de losmejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas del egregio músico J.S. Bach. Dos días antes de su actuación en el metro, Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los cien euros.
"Era una sensación extraña, la gente me estaba... ignorando", declaró el afamado violinista. El virtuoso asegura que habitualmente le molesta que la gente tosa en sus recitales, o que suene un teléfono móvil. Sin embargo, en la estación de metro se sentía "extrañamente agradecido" cuando alguien le echaba en la funda de su violín unos centavos. Bell recuerda con pesar los momentos más difíciles: “cuando acababa una pieza, nadie aplaudía”.


Queridos amigos, esta es una historia real. La actuación de Joshua Bell de incógnito en el metro americano fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas.La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza? ¿Nos detenemos a apreciarla? ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?
Expertos citados por el diario aseguran que el contexto importa, y que una estación de metro en hora punta no permite que la gente aprecie la belleza.

Pero amigos, si no tenemos un instante para detenernos, en cualquier parte, como hacían los niños que por allí pasaban, a escuchar a un excelso virtuoso del violín interpretar piezas clave de la música clásica… yo me pregunto: ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?, ¿realmente somos tan mentales qué sólo podemos apreciar algo tan espiritual como es la música clásica en un ambiente “preparado” para tal efecto, como un teatro o un auditorio?, ¿por qué un niño sí es capaz de percibirlo?
En todo caso, creo que es un curioso experimento que invita a la reflexión, ¿vosotros qué opináis?


Un cariñoso saludo y gracias por vuestra atención,


Mar Solana

viernes, abril 24

LOS ABRAZOS CASTIGADOS


¡Ojalá seamos siempre conscientes de lo que somos y tenemos como seres sintientes y este relato se quede tan sólo en una hipótesis fantástica! "¿Qué pasaría si por una especie de ley marcial estuviera prohibida cualquier manifestación de amor?...".

Estaba en la cárcel por amor. Shula llevaba varios meses en aquella desapacible celda por ceder al calor de un abrazo. 
Errare humanum est. Pero apenas quedaban sabios para reconocerlo. Y a los que aún no les habían cortado la coleta, así llamaban a su “deceso”, estaban en la cárcel, como Shula. Vivía privada de cualquier libertad, sucia y sumida en la indolencia. Todos los días, sin contar los domingos, recibía las arengas de su consejera que, a modo de actividad carcelera enriquecedora, le inflamaban el alma como la piel se amorata después de una paliza. Shula era muy bonita, no pasaba de los veinte; alta y de formas atléticas. Su piel, del color del melocotón, se secaba como una azalea en el desierto. Arrebujada en una esquina de su camastro, inquieta, se balanceaba de un lado para otro. De sus enormes ojos castaños se fugaban, asustadas, algunas lágrimas que barnizaban con un brillo líquido sus lánguidas mejillas. Se rumoreaba que ese día la dejarían en libertad, pero Shula había perdido las ganas de seguir caminando por la opacidad de un mundo tan gris. Al fin y al cabo, sólo eran rumores… 
Aquella funesta mañana, el mismo día que comenzó su cautiverio—estaba recordando Shula─, de camino a su rutinario y frío trabajo, se había encontrado con la mirada de una misteriosa mujer de mediana edad. Tenía unos ojos pequeñitos como las semillas y verdes como la esperanza de sus sueños; unos ojos, así lo sintió Shula, que contenían todo el amor del mundo. Sin pensarlo, y de forma instintiva, se acercó aún más a ella. Ambas detuvieron su marcha y continuaron mirándose, frente a frente, sin mover un solo músculo, algunos minutos más. De repente y sin mediar gesto o palabra alguna, las dos mujeres abrieron sus brazos, como las alas de una mariposa, y se fundieron en un estrecho y comprometido abrazo. Instantes después, a Shula le pareció una eternidad, se presentó la policía de la Manifestación Expresa de las Emociones (MEE) y se las llevó en un furgón al Encierro para el Bien Moral y Comunitario (EBMC). 
Shula sentía que era lo más hermoso que le había pasado en años, a pesar del dolor de su encierro. Valió la pena saborear aquella infinita ternura, aquel afecto sin límites, una vez más. Por mucho que los cretinos del gobierno se empeñasen en castigar la ternura para cumplir con sus siniestros planes, lo único que habían logrado era que la gente lo deseara mucho más en un mundo donde la familia era un brumoso recuerdo y la vida un renglón monocorde y egocéntrico. Las personas vivían solas y ocupaban espacios muy pequeños. Las relaciones sociales eran un puro trámite y ya no se reunían para divertirse como antes. A fuerza de ser tan impávidos y yermos los unos con los otros habían conseguido eliminar los afectos y la sensibilidad, aunque todavía quedaban algunos supervivientes camuflados. Cualquier gesto que contuviera el mínimo de cariño estaba penado con meses de prisión. 
El gobierno se había encargado –lo había dejado bien sujeto- de cubrir las necesidades más básicas de toda la población. “Pan y circo”, esa era la máxima imperante, mientras se perdía en protocolos, nombres rimbombantes y demás vericuetos burocráticos con los que tanto disfrutaba. Habían pensado en todo e idearon unos artefactos destinados a proporcionar placer al ciudadano: las máquinas para el sexo (MS), una por vivienda. El Centro de Reproducción Asistida (CRA) era uno de los edificios más descomunales de la ciudad, una extraña mezcla entre hospital y guardería; lo más parecido a un hogar que veían los recién nacidos cuando se cumplían las treinta seis rigurosas semanas de fría gestación en las probetas. Cuando llegaban a la pubertad, los chicos eran sometidos a sendas vasectomías y las muchachas a un ligamento de trompas, de esta forma se controlaban los embarazos que ya no eran en modo alguno deseados. Pero antes de proceder con las intervenciones responsables de acabar con la tasa de natalidad, los especialistas del CRA se aseguraban de extraer, a conciencia, los óvulos y espermatozoides más fértiles y aquellos más dotados genéticamente, previos test de Viabilidad, Inteligencia y Capacitación. De forma, que uno podía cruzarse por la calle con su padre o su madre y no enterarse. Eso era lo que ocurría si todo estaba en orden; aunque, a veces, el destino se montaba en un rumbo diferente y los brazos se abrían como las alas de las mariposas… 
Shula continuaba arrugada en su camastro, con la mirada perdida en el mohoso rincón de su celda donde rebotaban y caían sin gravedad las anodinas palabras de su consejera; hoy le dedicaba un afectado sermón que contenía algunas utilidades para después de su encierro, era importante mantener a raya su moral y continuar con idénticas rutinas. La libertad se colaba como un aire tibio por todas las oquedades de aquel pequeño habitáculo, pero daba igual, Shula sabía que abandonaba una prisión para entrar en otra quizás más grande, aunque igual de infecunda y gris. Se sentía feliz porque había mantenido su valioso recuerdo a salvo y podía imaginarlo una y otra vez. Se había hecho la promesa de enroscar en su memoria aquel abrazo, agarrarse a él con todas sus fuerzas, como un niño a su peluche. Evocar su calor, su dulzura, para poder sobrevivir durante el nuevo encierro. 
Shula abandonó el EBMC con un sol quebrado tras el horizonte plano y lánguido. Una tímida sonrisa se perfilaba en su boca mientras leía en una pantalla gigante (había miles por la ciudad…): “No os améis los unos a los otros como Él os amó… por si acaso”, había dictado el Jefe de Estado a sus ciudadanos, pensando que su amarga realidad había ganado la partida a la dulzura de cualquier memoria. Y es que el gobierno no podía evitar que la gente se mirase, y que algunas de esas miradas se penetrasen de tal forma que los más tiernos instintos y la necesidad de amar de los seres con alma salieran de su encierro, por más métodos y restricciones infernales que emplearan para sepultarlos. 
Volvió a sonreír, se sabía dueña de algo muy hermoso que nadie le podría arrebatar jamás.

miércoles, abril 15

LAS NUEVE ROSAS


A Marien y a Milagros, dos rosas.

Oscar, el chico con el pelo teñido de rubio y con algunos mechones de punta, se dirige con gesto taciturno a la floristería de Isabel, la más antigua del barrio. Se ha peleado con su novia y quiere sorprenderla con flores para pedirle perdón.
─Buenos días. Me gustaría enviar un ramo de nueve rosas rojas─ dice Oscar visiblemente impaciente y emocionado por la decisión que, sobre la marcha, acaba de tomar. “¡Rosas rojas para recuperar de nuevo a mi chica! Nueve, el día de nuestro encuentro; rojo, su color favorito…”, piensa Oscar entusiasmado con su ocurrencia.
Isabel se levanta de su taburete, deja encima de la mesa las tijeras de podar, y con una amplia sonrisa se dirige al lugar donde tiene las rosas y comienza a escogerlas para elaborar el ramo. “Seguro que es un regalo para una primera cita”, piensa la florista. Y siente la ilusión del primer amor, la vehemencia de una primera cita se cuela por sus recuerdos y se emociona casi hasta el llanto.
─Por favor, Liliana, toma nota a este chico del nombre y dirección de este bonito envío.
Liliana lleva apenas unos meses trabajando en la floristería de Isabel, pero lo que más le gusta de su perfumado y colorido trabajo son los encargos de amor. Y aunque sabe que también forman parte de la vida, detesta las coronas para los funerales. Con un gesto rápido y coqueto, Liliana se retira un mechón de su morena y rizada melena de la cara y comienza a recordar su primera cita: “¡fue tan excitante, qué guapo era aquel hombre!, un venezolano muy alto, tostadito como el café y elegante como este delicado y cuidadoso ramo de rosas rojas…”. Con la mirada lejana y soñadora, le pide los datos de envío a Oscar, que le va dictando a Liliana, la romántica:

“Rosas rojas para la flor más hermosa”
Para: María Pérez Baluarte
Avenida de los Sauces, 39,
De: Oscar Martínez López

─ Pero con mis iniciales es suficiente para que ella sepa… Por favor, ponga sólo “De: O.M.L.”, gracias─ le dice Oscar pensando en todos los detalles.
Más quiso el destino o el emotivo recuerdo de su primer amor, o ambas cosas, quién sabe, que Liliana se equivocara en dos letras. Darío, que así se llamaba su guapo venezolano, acostumbraba a hablarle a Liliana, así era él, del “cauce” que seguían las cosas cuando dos personas se sentían atraídas de aquella manera.
Así que cuando Alfonso, el repartidor, recoge el ramo y la tarjeta de entrega, ésta reza así:

“Rosas rojas para la flor más hermosa”
Para: Daría Pérez Baluarte
Avenida de los Cauces, 39,
De: O.M.L.

Ese día no hay demasiados repartos y Alfonso se alegra de poder llegar algo más pronto a casa. Sus dos hijos de once y trece años, se han marchado a casa de la tía Ruth a pasar el fin de semana con sus primos. Es viernes y… ¡tiene toda la noche por delante para estar a solas con Mónica, su mujer!
Alfonso es un tipo bajito, calvo y con una sonrisa entrañable. Ha alquilado “Nothing Hill” y además ha comprado una botella de Moët&Chandon junto con una tonelada de helado de chocolate. “La noche promete”, piensa imbuido por un intenso y repentino soplo romántico, como hace tiempo no sentía. Mira el resplandeciente ramo de las nueve rosas rojas, y entonces el amor le parece el sentimiento más noble y digno que un ser humano pueda albergar. Le invade una sensación de inmensa alegría.
Al otro lado de la puerta, una anciana con la mirada interrogante y el ánimo harto sorprendido, contempla sin dar crédito el ramo de las nueve rosas que Alfonso le está entregando. No se fija en esos dos apellidos que no son los suyos. Sólo lee en aquella florida y juvenil tarjeta que le trae el amor a la misma puerta de su casa, ese amor con el que tantas y tantas veces ha soñado y después de tantos años:

“Rosas rojas para la flor más hermosa”
Para: DARÍA
De: O.M.L.

Una lágrima se desliza, sutil, por una de sus descarnadas mejillas, mientras su vecino de enfrente, Olegario Montes Laberna, recoge en silencio su correo al tiempo que cruza con Daría una mirada que vale más que mil palabras. Una mirada que cristaliza y musita: “bendita equivocación”.

Mar Solana. Villalba, 9 de abril de 2009.






jueves, abril 9

LA PUERTA DE LA IGLESIA


Mar Solana


Con ademanes apresurados y el gesto turbado, una mujer joven, no muy alta y de complexión normal, con el cabello castaño recogido en una cola detrás de su nuca, se está acercando al portalón principal de entrada de la iglesia. Su torre no es demasiado alta. Forma parte de un armonioso y sencillo conjunto rectangular que data del Románico. Anchos e impostados muros de piedra alojan dos puertas de entrada. Un poco más abajo de los nidos de las cigüeñas, en el hueco destinado para el campanario, hay un señor muy bajito ataviado con una boina que apenas si deja ver su rostro. Está manipulando la campana con movimientos muy rápidos y desacompasados, en ausencia de cualquier vestigio de vértigo. Le dirige a la mujer una modosa sonrisa y con el dedo pulgar e índice de su mano izquierda se levanta levemente su boina a modo de discreto saludo. La mujer le devuelve un apenas perceptible gesto con su cabeza al tiempo que sus labios van perfilando una especie de sonrisa con visos de afectación. Mira hacia ambos lados de manera huidiza y con movimientos prestos y ligeros cruza el umbral de la puerta de la iglesia.
No ha pasado ni un minuto, cuando ésta vuelve a salir y de nuevo, mira hacia ambos lados y hacia atrás, encontrándose esta vez con una vecina del pueblo, una mujer entradita en carnes y en años, con el pelo teñido de rubio y recogido en la nuca en forma de un moño muy elaborado y ataviada con una alegre bata color canela de mariposas y flores. Al pasar al lado de la puerta de la iglesia, ambas cruzan sus miradas. La mujer joven le dedica una especialmente sibilina. Con su mano derecha levanta la amplia manga de su chaquetón burdeos y echa un rápido vistazo a un pequeño reloj de correa marrón oscuro bien ceñido a su fina muñeca, se mordisquea los labios, camina unos pasos y vuelve otra vez sobre los mismos hacia la puerta. Se acerca aún más a ésta y apoya su brazo derecho, inmerso en la espaciosa manga de su chaquetón, sobre una de las jambas de la puerta y hunde, por unos instantes, su cabeza en él. Se incorpora y de nuevo vuelve a consultar su pequeño reloj marrón.
Un grupo de cinco niños está jugando con un balón blanco y azul. Entre risas y carreras lo estampan una y otra vez contra el denso muro frontal de la iglesia. Uno de los niños, el más flacucho y desgarbado, se acerca corriendo a la mujer, recoge algo pequeño, rígido y blanco del suelo, que al parecer brillaba muy cerca de una de las botas de la mujer, y se lo entrega no sin antes dirigirle una mirada interrogante. El rostro de la mujer muda del cetrino al rojo vivo, lo coge con pulso tembloroso de la mano del chico al tiempo que le dirige un tímido gesto de agradecimiento. Con dedos azarosos saca una cajetilla de tabaco y un mechero del bolsillo derecho de su chaquetón. Vuelve a entrar en la iglesia y de nuevo, vuelve a salir. Extrae un cigarrillo del paquete que lleva en la mano y sin dejar de mirar hacia todos los lados, lo enciende con la llamita exangüe y discontinua que sale de su mechero. Sus trémulos labios succionan la boquilla de su pitillo con fruición y expulsan una gran bocanada de humo que rápidamente se evapora en el aire. Mientras sigue allí, esperando, se da prisa en ocultar, antes de que salga la gente de los oficios de las nueve, en uno de los amplios bolsillos de su chaquetón, el alzacuello que le ha entregado aquel muchacho.
Villalba, 7 de abril de 2009


viernes, abril 3


Mis raíces miran al cielo,
del pensar,
savia mágica del cosmos
se nutren …

Del sentir,
lágrimas indelebles del alma,
absorben su agua de vida …

De mi voluntad,
abono infinito del espíritu,
surgen sus flores
buscando su hueco
en el incansable giro
de la tierra …

(…) (…) (…)

Mi búsqueda
es el poder,
poder para silenciar
este torbellino
que inquieta mi alma .

Villalba 23-marzo-2002

AD AETERNUM...

TENEMOS DOS OREJAS Y SÓLO UNA BOCA...

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PARA ESCUCHAR EL DOBLE DE LO QUE HABLAMOS ;=D

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HACE CUARENTA Y CINCO AÑOS (¡WOW!)... YA ME GUSTABA LLEVAR LECTURA AL CAMPO ;DD

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Soy la niña que asoma por la esquinita de la ventana, la primera por la izquierda...

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ME GUSTARÍA SER DUEÑA DE UN INGENTE TESORO...

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SABIA MAFALDA...

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JOSÉ SARAMAGO: 16 de noviembre de 1922 - 18 de junio de 2010... ¡HASTA SIEMPRE MAGO DE LAS LETRAS!

JOSÉ SARAMAGO: 16 de noviembre de 1922 - 18 de junio de 2010... ¡HASTA SIEMPRE MAGO DE LAS LETRAS!
La derrota tiene algo positivo, nunca es definitiva. En cambio la victoria tiene algo negativo, jamás es definitiva. Pienso que todos estamos ciegos. Somos ciegos que pueden ver, pero que no miran. Creo que en la sociedad actual nos falta filosofía. Filosofía como espacio, lugar, método de reflexión, que puede no tener un objetivo concreto, como la ciencia, que avanza para satisfacer objetivos. Nos falta reflexión, pensar, necesitamos el trabajo de pensar, y me parece que, sin ideas, no vamos a ninguna parte...

CUANDO NO ENCUENTRES CONSUELO... LA MÚSICA ES EL MEJOR LENITIVO PARA EL ALMA...

¿SUEÑAN LOS 'REPLICANTES' CON UN MUNDO SIN FECHA DE CADUCIDAD?

EL BESO QUE TE ADIVINA ... es la Luz que te conduce a sacar de tí lo mejor ...

EL BESO QUE TE ADIVINA ... es la Luz que te conduce a sacar de tí lo mejor ...
a crecer en la mirada de quien verdaderamente te ama. El verdadero amor te quiere libre y como ser expansivo. Nunca admite murallas para el alma que respira... Es descubrir tu segunda piel, la que te eleva a la capacidad de ser decididamente afectivo, humedeciendo con licor de alegría los desiertos emocionales ... CARLOS VILLARRUBIA.

VIVIMOS SIEMPRE JUNTOS...

Llenamos el caldero
de risas y salero,
con trajes de caricias

rellenamos el ropero.

Hicimos el aliño

de sueños y de niños,
pintamos en el cielo
la bandera del cariño.

Las cosas se complican,
si el afecto se limita
a los momentos de pasión...

Subimos la montaña

de riñas y batallas,
vencimos al orgullo
sopesando las palabras.

Pasamos por los puentes

de celos y de historias,
prohibimos a la mente
confundirse con memorias.

Nadamos por las olas
de la inercia y la rutina,
con la ayuda del amor.

Vivimos siempre juntos, y moriremos juntos,
allá donde vayamos seguirán nuestros asuntos.
No te sueltes la mano que el viaje es infinito,
y yo cuido que el viento no despeine tu flequillo,
y llegará el momento
que las almas
se confundan en un mismo corazón...
(Letra y música: Nacho Cano)

MI AMADO SALITRE...

A LAURA SUJAMI: 'IN MEMORIAM'.

A LAURA SUJAMI: 'IN MEMORIAM'.
QUERIDA LAURA: TU PASO POR ESTA GRAN ESCUELA, LA TIERRA, HA SIDO UNA BENDICIÓN ... ¡DESCANSA EN PAZ! Pincha en la vela y navegarás al blog de salud que administró Laura con mucho cariño...